El Papa aterriza en Madrid, primer lugar de encuentro en los séis días de su visita a España destacando en su primer discurso «el vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra»
Tras pasar revista a la Guardia Real junto al Rey de España, Felipe VI, ya en el Palacio Real el Santo Padre ha sido recibido por sus Magestades los Reyes y autoridades civiles y eclesiásticas.
En su primer discurso ha expresado su agradecimiento por la invitación a realizar «este encuentro de viaje apostólico a España» destacando desde el inicio que éste «es un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio».
«El vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y España ha moldeado profundamente su cultura y representa una fuente de esperanza y de orientación entre los desafíos que hoy», ha resaltado el Papa.
«Dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo. ¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!«, ha resaltado.
«Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma» (Evangelii gaudium, 231). De hecho —concluía—, «la realidad es superior a la idea», cita que une el discurso con su recién aprobada primera encíclica Magnifica humanitas. «La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación», ha manifestado.
El Santo Padre ha recordado a España como nación de santos y se ha referido a dos figuras que, «desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino». Rememorando «La noche Oscura del alma» de San Juan de la Cruz se ha referido a la oscuridad que «también hoy es lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones«.
Asimismo, ha hecho actual a Santa Teresa que describe este mismo itinerario con la imagen del «castillo interior», una «dimensión del ser humano es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia«.
El Santo Padre ha invitado a «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia», «por amor a la verdad,¡», ha recalcado.
«Es necesario dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo«, y ha recordado cómo España «lo atestigua». «La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos», ha destacado.
Antes de concluir ha recordado a San Igancio de Loyola, «otro noble hijo de esta tierra» quien «tuvo esta audacia, dando crédito a las desolaciones y consolaciones de su corazón, en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz».
¡Que Dios bendiga a España!, ha concluído el Santo Padre


