Después de la descafeinada conmemoración, la semana pasada, del récord de longevidad de una herida Constitución Española, estrenábamos ésta con el anuncio de una no muy justificada, ni necesaria a estas alturas desde mi punto de vista, desclasificación de algunos documentos relativos al fallido intento de golpe de Estado del 23-F de 1981, que anunciaba el showman que no gobierna pero sigue mandando, que, como una nueva cortina de humo, se aprobaría en el más contubernio mal avenido que consejo de ministros, ministras y ministres del martes, como así fue. Una desclasificación, por cierto, que se ha celebrado por muchos como la definitiva aclaración respecto a las dudas que algunos llamados conspiranoicos podían venir sembrando respecto a una presunta implicación de Juan Carlos I en el fallido golpe de Estado y que, con ella, parece que se refuerza su decisiva intervención en haber abortado esa maniobra que duró poco más de 18 horas. No soy un experto en el tema, aunque lo seguí con interés desde el primer momento y he leído bastante en estos años sobre las distintas hipótesis, pero si voy a dejar una duda que no me aclara lo poco que he visto sobre la documentación desclasificada y los muchos comentarios de periodistas, juancarlistas en su mayoría, y variopintos tertulianos “todólogos” y artículos de prensa que he oído y leído. Y es que, hasta donde yo tengo entendido que consiste un golpe de Estado –puede que esté en un error–, fallido o consumado, lo primero que hacen los golpistas es capturar, o, al menos, aislar, al jefe del Estado y cortar sus líneas de comunicación para evitar que pueda contrarrestar el intento, algo que, en lo que yo pude ver en aquellas horas que, como digo, seguí atentamente –tenía treinta y un años entonces–, no se produjo, desde aquel sonoro “Quieto todo el mundo” con el que el teniente coronel Antonio Tejero (q.e.p.d.) irrumpió en el hemiciclo a las 18:23 de la tarde, hasta la aparición del rey sobre la 01:00 de la madrugada, con uniforme de capitán general, dejando este mensaje: “La corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar, en forma alguna, acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución, votada por el pueblo español, determinó en su día a través de referéndum…”. Por el contrario, creo que la comunicación bidireccional no se interrumpió nunca, bien directamente o a través del entonces Secretario General de la Casa Real, Sabino Fernández Campo (q.e.p.d) .
No seré yo el que cuestione que se desclasifique nada, porque como le decía al presimiente el autor del libro sobre el 23 F ‘Anatomía de un instante’, Javier Cercas, dice el Evangelio que ‘la verdad os hará libres’ y por el contrario las mentiras hacen esclavos. Pero creo que antes que esto, que sucedió hace 45 años y que según todo indicaba no iba a aportar nada que no se supiera ya y estuviera en los numerosos artículos, informes y libros publicados desde entonces al respecto, tal vez se podrían desclasificar muchas más cosas, de mayor interés para España, sobre las que “el gobierno más transparente de la historia” calla o diluye en su particular afán de permanencia a base de cortinas de humo que desvíen la atención sobre las crecientes descalificaciones que acorralan al presimiente, a sus ministros y altos cargos, a su partido y a su familia, a las que me referiré después. Por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, como decía en aquellos magníficos editoriales de “Corrría el año…”, César Vidal, se podría desclasificar todo lo relativo al atentado terrorista del 11-M, a ver si los españoles estamos ya “preparados para saber la verdad” –por ejemplo, de cómo llegó al poder el descalificado José Luis Rodríguez Zapatero–, que ponía en duda el juez instructor Javier Gómez Bermúdez. O toda la trama de la COVID y aquel supuesto comité de expertos que asesoraba al “experto “número uno, Fernando Simón, que nunca conocimos. O los audios sobre el apagón que dejó a España a oscuras hace justo diez meses. O todo lo que rodea al presimiente PinócHez sobre las grabaciones de sus móviles con Pegasus, la cesión del Sahara a Marruecos sin pasar por el Congreso, o el libro de entradas de la Moncloa para ver cuando y por donde se coló el hermanísimo David “Azagra” von Karajote y el tiempo que tardó en salir. O los vuelos del Falcon y sus tripulantes a la República Dominicana. O, si nos queremos ir un poco más atrás, y como describe muy bien Cristina Martín Jiménez en su libro Los planes del Club Bilderberg para España, las conversaciones de Manuel Prado y Colón de Carvajal (q.e.p.d.) con Kissinger (que también d.e.p.) y la posible relación de la CIA con la transición y la muerte de Luis Carrero Blanco. Y, un poco más cerca, sobre la realidad de la expropiación de RUMASA y el regalo de Galerías Preciados a Gustavo Cisneros, amigo de Felipe González, que la compró en 1984 por 1.500 millones de pesetas y la vendió en 1987 por 30.000, tras ser saneada con fondos públicos. Tal vez también haya papeles sobre aquel famoso embajador alemán Guido Brunner, un alemán nacido en Chamberí, y la adjudicación del AVE a Andalucía, que popularizó la palabra “convoluto”. Tal vez tirando de esos documentos se empiece a entender el patrimonio del denominador común de estos casos, que quizás animaría pedir más desclasificaciones que nos dieran pistas sobre las fortunas de otros políticos y miembros del Estado español, como José Bono o el propio rey, mal llamado emérito. Porque digo yo que si en una primera puesta al día con el fisco, he leído que tuvo que pagar a Hacienda ocho millones de euros, no sé de cuanto sería la deuda ni a qué capital correspondía, pero no me salen las cuentas si me atengo a las partidas que veo en los Presupuestos Generales del Estado relativas a la Casa Real. Tal vez, uno de los difuntos antes citados, muy amigo del monarca exiliado desde su etapa principesca, podría haber dado luz a esa incógnita, pero dejemos a los muertos en paz y termino aquí lo de las desclasificaciones posibles porque hay que dar cabida a más cosas.
Y para empezar con las descalificaciones, nada mejor que recordar la penúltima mentira del más descalificado de nuestra política, Fray Perico Pinochez, en el mitin de precampaña de Ponferrada: “La verdad de los datos demuestra que España va como nunca y que la oposición miente como siempre (bis)”. Para luego envalentonarse con su chulesco tono habitual: “Cuando me dicen ¿merece la pena…? ¿Que si merece la pena? Merece la pena, hasta 2027 y más allá”. Ya nos había avisado: “Vamos a avanzar con o sin apoyo de la oposición, con o sin un concurso de un poder legislativo que necesariamente tiene que ser más constructivo y menos restrictivo” y por ahí sigue de derrota en derrota parlamentaria. Y es que, parafraseando al personaje de la película Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda: “Presimiente, todos somos contingentes, pero tú eres necesario”.
No menos descalificable es su antecesor socialista, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que crea escuela según publica El Confidencial en relación con el rescate de Plus Ultra. Al parecer, su ya famoso amigo de running por el Monte del Pardo, Julio Martínez, que se habría llevado un porcentaje de los 53 millones del rescate a través de su Análisis Relevante sin empleados, le habría pagado él 463.000 € –que según este medio habría cobrado también de otras sociedades controladas por Martínez, como Bolia Analítica o IOT Domotic Europe S.L.– y a la agencia de publicidad de sus hijas, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, unos 198.000 € por supuestos servicios de diseño y comunicación online.
Y sigue creciendo el escandalo del descalificado exDAO de la Policía Nacional, después de que el abogado de la víctima, Jorge Piedrafita, dijera que lo había llamado una segunda víctima del tal J, como era conocido en el Cuerpo José Ángel González, en este caso no de carácter sexual, y otras tres agentes objeto de acosos laborales con tintes sexuales cometidos por la cúpula policial de Marlasca, otro personaje más que descalificable del panorama político que nos envuelve.
¿Qué decir de la sin par María Jesús Montero? Su penúltima ocurrencia fue decir en un mitin con su particular gracejo que “Lo primero que voy a hacer es una ley de lenguas de Andalucía”. Al parecer no hay problemas de mayor enjundia en Andalucía que confundir los acentos, que hay uno por zona, más o menos, con la lengua, que sólo tenemos una, el Español, y a mucha honra, con nuestra peculiar pronunciación. O sea, financiación, infraestructuras, vivienda, inmigración… después de poner en orden “las lenguas”. Y como no le pareció suficiente esa barbaridad, se equivoca al pulsar uno de los tres botones que tenía a la hora de votar una de las pocas cosas que podía sacar su ejecutivo y fue el único voto en contra del “hemicirco”. Marisú Omaíta no tiene remedio, pero se superará.
Otra que no le va a la zaga es su siguiente en orden de vicepresidencia, la “Chulísima” Yolanda Díaz, que quiso publicitar on line, en Instagram, su subida del Salario Mínimo Interprofesional, SMI organizando una rueda de preguntas bajo el formato Yolanda espera tu pregunta, con el mensaje “Preguntadme todas vuestras dudas” y se quedó sola. Todo un fracaso, relativo, porque seguro que fue porque sus no seguidores lo tenían todo claro. Al final, la que su descubridor PabLenin Iglesias presentaba como la primera mujer que será presidente de España”, no ha tenido más remedio que rendirse a la evidencia de su impopularidad y decidió que no va a concurrir a las próximas elecciones generales. Eso sí, lo de dimitir y dejar el chollo ministerial y el pisazo gratis total de 400 m² lo dejamos para más adelante, que no tengo donde ir. Por cierto, que le ha salido el tiro por la culata en su acusación a Julio Iglesias de haber organizado una “estructura de poder basada en la agresión permanente”, y a la que, a través de su abogado, José Antonio Choclán, le exige “que se avenga a reconocer el carácter gravemente injurioso y calumnioso de sus manifestaciones que han lesionado el honor, la imagen y la reputación social de su representado”.
No menos descalificable es el responsable de ADIF, Administrador De Infraestructuras Ferroviarias –un decir, hoy– y su responsable superior, el todavía ministro irresponsable de Transportes Óscar Puente, que ha vuelto por sus fueros de mamporrero insultante y se lo había callado, por haber sustraído sin autorización de la juez que instruye el caso del accidente de Adamuz los cupones de las soldaduras –tramos de carril ferroviario de 18 metros donde estaban las soldaduras– que se llevó a sus instalaciones de Hornachuelos, a unos 100 Km.
No puedo dejar de citar la metedura de pata de la nueva ministra portavoz del ejecutivo, Elma Sáiz, que se ha descalificado muy pronto al presumir de la “transparencia” del gobierno al desclasificar los documentos del 23 F. Decía el pasado martes que “Lo que hace el gobierno con esta decisión es impedir que la ultraderecha siga utilizando los bulos, las conspiraciones, la desinformación, para difundir teorías que no merece nuestra democracia. Y, también, para desinformar a los jóvenes, a chavales que piensan que con Franco se vivía mejor y que van cantando el Cara al Sol por nuestras calles”. Algo que sin duda ve y oye usted a diario, querido lector, por esas calles, cual rondallas falangistas de la fachosfera.
Tengo, forzosamente, que dejarme un sinfín de descalificables por no alargarme más y termino con una breve referencia al bañito de multitudes que creo que se habrá dado este sábado el Galgo de Paiporta, Avestruz de Adamuz y Gaviota de Grazalema en la ceremonia de los Goya, a la que he oído que se atrevió a ir, seguro de que su “mundo de la cultura” no le iba a tirar ningún palo de escoba. Espero que la emoción producida no le juegue una mala pasada y que ese gabinete de maquillaje que dicen que tiene contratado en Moncloa haya disimulado el evidente deterioro en su aspecto físico.
El pacto-no pacto de PP-VOX en Extremadura y Aragón necesita un capítulo aparte, que no cabe aquí hoy, y mucho más con lo que venga de Castilla y León.
Y como escribo esto el 28 de febrero, día de Andalucía, lo quieran o no, para casi nueve millones de españoles, de los que una inmensa mayoría, probablemente, no saben ni por qué, en el que se celebra una de esas forzadas y un poco estúpidas fiestas autonómicas a las que ha dado lugar el despropósito del sistema de taifas actual, que quizás no fuera la intención, pero es en lo que ha degenerado satisfacer el capricho “histórico” de una docena de catalanes, media de vascos y un gallego, dejo el enlace del artículo que dediqué el año pasado a esta celebración, que vale para éste, para los anteriores desde que se estableció el festivo y para los que queden.
Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

