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Mar con coca

Artículo 195

Algas y corales están muriendo de sobredosis

Dice mi cuñado que hay que subir cajas de cervezas al espacio y esperar a que vengan los extraterrestres.

Vemos perplejos en los informativos y en las redes, lanchas rápidas cuyos tripulantes tiran por la borda fajos de droga de tales dimensiones que en ocasiones salpican a los helicópteros de la Guardia Civil que los graban. Uno se inquieta y piensa: Como todo eso sea droga, media fauna marina de esas coordenadas está colocada.

Hay un área de corrientes en el Estrecho de Gibraltar donde las orcas se acercan a las embarcaciones y parece solicitar que suelten algo que las coloque. En ocasiones, al no conseguir su propósito, rompen los timones para obligarles a soltar la carga. No olvidemos que la orca es un animal más inteligente que el que lleva la narcolancha, que se tapa la cara como si fuera un miembro de Hamas.

Ponen los “manifestantes embozados en pañuelos platerescos” el grito en el cielo, bueno, en la costa (no tienen cielo), esos que nos hacen el favor de no comer carne porque de lo contrario no tendríamos carne para todos. Cosa de agradecer por el mal trato animal que les infringimos. Son muy celebradas las manifestaciones de los toros en Pamplona.

La verdad es que las narcolanchas son más rápidas porque van drogadas.

Con esta contaminación marítima no va a ser lo malo encontrar mercurio en los atunes, peor se me antoja encontrar gambas con cocaína, sobre todo por el precio que pueden llegar a alcanzar.

Hubo un tiempo en el que en la popa de los grandes cruceros, por un dólar te daban una cestita con 10 pelotas de golf y un palo o hierro con el que sacudirlas y enviarlas al mar. La bola caía con un buen driver en la estela que dejaba el barco a modo de calle.

El problema llegó cuando la comandancia de marina, supongo, o alguna ONG, comenzó a recibir quejas de las pezas (hembra del pez) que se quejaban de que sus peces llegaban a casa tarde y golpeados por pelotas de golf (algunos con chichones).

Verdad es que años antes, la práctica cotidiana de lanzar al mar las basuras producidas por el barco, hacían que lo que no devoraban los tiburones, flotara sobre la superficie del mar camino de Mallorca.

Un tiburón martillo se atragantó con una parrilla…

Por el bien de todos se prohibió en los barcos el golf y las basuras…

Ahora solo tenemos que dejar de tirar móviles al mar puesto que su contaminación perjudica a todos, incluso a los manifestantes.

Y en el fondo, solo hablan por teléfono los “peces gordos”.

Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

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