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¡Gracias Santiago! Firmado: Pedro Sánchez

 

No voy a negar que soy uno de los millones de españoles que puedo estar de acuerdo, en el fondo, con lo que dijo el domingo el presidente argentino Javier Milei en el mitin de Vox respecto a la no nombrada “segunda dama” del protocolo –no hizo falta– y a su enamorado marido. Seguro que a no pocos españoles, además de a esos miles de enfervorecidos y exaltados seguidores del partido verde –unos 10.000, según los organizadores– que llenaban el recinto de Vistalegre, nos gustaría, si finalmente fuera declarada culpable, ver en el banquillo a tan “excelsa” señora –no sólo a ella– que firmaba “declaraciones de interés” a esos amigos que concurrían a concesiones que decidía el “contubernio” de ministros, ministras y “ministres” que presidía su no menos “excelso” cónyuge– ¿qué no haría un marido enamorado por su amada?–. Es curioso que desde que PabLenin Iglesias Turrión, allá por octubre de 2014, lo eligiera para acoger el primer congreso de Podemos, Vistalegre se ha consagrado como el escenario populista por excelencia. Creo que son tres las veces que cada uno de los extremos –ya sabemos eso de que “… se tocan”– lo ha elegido para convocar a sus fieles. Pero eso ya lo traté en su día y no toca ahora.

Volviendo a la intervención de Milei , ¿quién de los españoles que conocemos algo sobre la verdadera historia del Partido Socialista (antes) Obrero (y casi nunca) Español no estaría de acuerdo con lo que dijo en alusión a la posible ignorancia que se tiene respecto del socialismo? Afirmó que “Abrir la puerta al socialismo es invitar a la muerte” y dejó el aviso de que “Las élites globales no se dan cuenta de lo destructivo que puede llegar a ser implementar las ideas del socialismo, porque lo tienen demasiado lejos. No saben qué tipo de sociedad y país puede producir y que calaña de gente atornillada al poder y qué niveles de abusos puede llegar a generar”. Sin duda, una clara alusión a nuestro dolido presimiente, más que atornillado al asiento del poder por siete votos, que dieron pie a alguna coplilla sobre la rotura de lo que posa en el asiento. Pero, a mi juicio, estropeó su brillante discurso hasta ese momento cuando aludió a su pareja: “Digo, aun cuando tenga la mujer corrupta, digamos, se ensucia y se tome cinco días para pensarlo”, que llevó al éxtasis a los presentes. Por supuesto que se refería a Begoña Gómez de Sánchez, pero se excedió en el término porque, de momento y en aras a la presunción de inocencia que todo el mundo merece, esta señora sólo está siendo investigada, por lo que no se puede –o no se debe, porque vimos que sí pudo– llamarla corrupta. Si lo fuera una vez terminada la investigación que tiene abierta el juez Peinado, en la que está incursa, no seré yo el que lo lamente, pero no hacía falta que llegara a eso, salvo que pretendiera enardecer a las masas –que no necesitaban mucho para el entusiasmo– o como respuesta al insulto que hace pocos días le dispensó el ministro limón Oscar Puente: “…antes o después de la ingesta de alguna sustancia”, que dio lugar a un duro comunicado del gobierno argentino en el que la señora Gómez y su condición de investigada ya estuvieron presentes. Enseguida tuvimos la sobreactuación característica de la corte del aspirante a dictador totalitario, encabezada por su ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que pidió –sin éxito por ahora– la rectificación urgente del mandatario argentino: “El señor Milei, con su comportamiento, ha llevado las relaciones entre España y Argentina a su momento más grave en nuestra historia reciente. España exige al señor Milei disculpas públicas. En caso de no producirse esas disculpas, tomaremos todas las medidas que ‘creemos’ –supongo que quiso decir ‘creamos’, pero parece que no le salió el subjuntivo– oportunas para defender nuestra soberanía y nuestra dignidad”. Ministro que también llamó a consultas “sine die” a la embajadora en Argentina –definitivo hoy–, anunciándolo de manera insólita, a bombo y platillo, pero sin preguntas, por si acaso, desde el Palacio de la Moncloa. Tampoco faltó la del propio “damnificado” y dolido marido de la supuestamente insultada sin nombrarla: “El afecto entre gobiernos es libre, pero el respeto es irrenunciable”. Una palabra, respeto, que resulta, cuando menos, chocante, en boca del que habla de “discurso reaccionario” y llama “negacionista” al presidente argentino, no va ni envía a nadie a su toma de posesión; llamó “indecente” a Mariano Rajoy, y que, tanto él como sus ministros, insultan a diario al hermano y a la pareja de la presidente madrileña, Isabel Díaz Ayuso; a su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez; a la mujer del líder de la oposición con amenazas de “y hay más” lanzadas desde el escaño junto a su viceprimera María Jesús “Chiqui” Montero, con dedo amenazador, etc. Y, sobre todo que lo dicho por el presidente Milei no puede entenderse como insulto a España ni a los españoles, puesto que el supuesto honor de la pareja del presidente no es el de todos los españoles ni ella es una institución del Estado, aunque les gustaría a ambos. De momento, lo único que ha vuelto a conseguir esta sobreactuación sanchista ha sido refrescar en la opinión pública y en la prensa internacional la delicada situación de investigada de Begoña Gómez.

Dicho lo anterior, y como ya saben los que me leen, desde la muy sorprendente reaparición de VOX en el último trimestre de 2018, después de cuatro años desaparecido y justamente tres meses después de la “morcillera” moción de censura de Fray Perico a Rajoy, vengo diciendo que no me parecía nada casual ni fruto de una recogida de votos, que hubiera sido lógica en diciembre de 2015 cuando el PP sufrió el gran batacazo –más de 3’5 MM de votos perdidos– del que se benefició principalmente Ciudadanos y cuando Podemos recogió los sucesivos fracasos del PSOE. Creo que algo debió ver nuestro Narciso en el personaje vasco –o tenía buena información de sus “principios”– cuando decidió rescatar a Santiago Abascal pensando que “No hay peor cuña que la de la misma madera”. Algo parecido a lo que seis años antes debió pensar Rajoy cuando, con la inestimable ayuda de El Gato al Agua –entonces la TV del centroderecha–, promocionaron a Pablo Iglesias para dañar al PSOE, que después se volvería contra el PP, pero eso da para otro artículo y tampoco toca ahora. Y quien mejor para dañar al Partido Popular que alguien criado y alimentado en él y al que no perdona que lo dejara sin sustento después de veinte años de carguillo en carguillo y chiringuito en chiringuito. Soy muy escéptico con las casualidades de la vida, normalmente consecuencia de una serie de circunstancias, que en política son siempre causalidades. Al hilo de esto, me gustaría saber si se produjo, como se dijo, y, en su caso, qué se pudo hablar en ella, una presunta reunión a final del verano de 2018 entre el entonces jefe de gabinete de Sánchez, Iván Redondo y el, también entonces, persona de absoluta confianza de Abascal, Javier Ortega Smith, hoy desplazado también por el poder catalán que colonizó Vox –incluso me llegó una foto de aquel encuentro, que no puedo saber si es real o un montaje–. Lo cierto es que justo después de ese presunto encuentro se le abrieron a Vox las puertas de todas las televisiones, públicas y privadas –la de Intereconomía, hoy El Toro TV, siempre la tuvo abierta– y emisoras de radio, pasando de la irrelevancia absoluta a no faltar en ninguna tertulia y/o entrevista. Tanto se debió sorprender de ese impulso mediático el equipo de Vox que, de la noche a la mañana, improvisaron una concentración –octubre de 2018– en el citado recinto de Vistalegre, como decía al principio, sede de los populismos de uno y otro signo. Por cierto que también me gustaría saber cómo se sufragó el alquiler del recinto –se dijo que costó 95.000 €–. No diré lo que me llegó porque no lo tengo contrastado. Parafraseando a William Shakespeare en su drama Hamlet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”, yo diría “…en esta relación de amor-odio entre Sánchez y Abascal”. Ese primer éxito de Vistalegre –no sé si algo más– les hizo cambiar de opinión y presentarse a las elecciones andaluzas que adelantó Susana Díaz al 2 de diciembre de ese 2018, en las que sorprendió a todos los 12 escaños obtenidos, con los que no les quedó más remedio que apoyar la suma de PP y C’s para acabar con los más de 40 años de gobierno y ruina socialistas desde la preautonomía de 1978. Pronto empezó a demostrar Vox, allí, quien era su verdadero enemigo político, pero tampoco me puedo extender aquí en eso.

Desde entonces tampoco me cabe duda de que sólo a un personaje sin el más mínimo sentido de Estado o a un buen amigo agradecido (interesado, sería más correcto en este caso) –en Santiago Abascal se dan las dos condiciones, la primera evidente y la segunda, aunque disimulada, también–, se le ocurriría poner en bandeja un argumento que supusiera tan buena baza electoralista a ese “enemigo” (como repite mecánicamente el vasco) que yo llamaría “padrino”, y que sólo perjudica al que debiera ser su aliado natural, al que no deja de atacar con cartas y en discursos como el del domingo: “El gobierno socialista ha llegado hasta aquí porque la derechita cobarde y estafadora comparte la misma agenda globalista y progre y aunque finjan pelearse siempre se acaban poniendo de acuerdo, sobre todo si es para prohibir”. Lo dice el que no quiso unirse a la propuesta España Suma que le hizo, a él y a Albert Rivera, Pablo Casado –todavía no echado a perder por el campeón de lanzamiento de huesos de aceituna y por su falta de carácter–, en abril y noviembre de 2019, para formar listas conjuntas en las dos elecciones generales de aquel año, en las que la división en las mal llamadas “tres derechas” sólo sirvió, como era evidente, para que ganara el PSOE, que se asoció con Podemos y se apoyó en el resto de los enemigos de España. O el que repitió la misma negativa de suma con Alberto Núñez Feijoo en las últimas elecciones generales de julio de 2023, en las que también quiso ir por libre y le costó 19 escaños, pero impidió una mayoría más holgada del PP que, mal que nos pese por su pasado y las muchas dudas dejadas desde 2000, es la única alternativa posible, hoy, para desalojar a Sánchez de la Moncloa. Y, finalmente, aunque podría citar bastantes ocasiones más , el que se abstuvo en la votación de la propuesta del PP para crear una comisión de seguimiento de la aplicación de los fondos europeos, que, con BILDU, dejó en manos del propio Sánchez, o el que presentó dos mociones de censura, inútiles salvo para su “horita de gloria”, que sólo sirvieron a la postre para que se recreara en el triunfo el presimiente del desgobierno Frankenstein

Termino insistiendo en que son criticables las formas mitineras del presidente argentino y la alusión a la investigada Begoña Gómez en el acto de apertura de campaña europea organizado por Vox, al que Javier Milei le quitó el protagonismo, pero no tengo duda de que tanto a Sánchez como a Abascal –a Milei también, pero no juega en nuestra liga–, les viene muy bien esta polémica para alentar a sus respectivos fieles. Tan populista uno como el otro, forman la pinza contra el PP: “si seguimos así nos irá bien a los dos” y objetivo cumplido, seguir viviendo de la política los dos. España da igual. En frente, otra cantidad de entregados a la única alternativa y no pocos que volveremos a votar con la nariz tapada al mal menor, porque la abstención es regalar votos a los que destrozan España.

Y hablando de “casualidades” se filtró al diario El País el avance del informe de la UCO que no ve indicios de delito en la firmante de las “declaraciones de interés”, justo la víspera de que comparezca su marido para explicar eso y el totum revolutum que hará para diluirlo.

Antonio De la Torre,  licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

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