El aburrimiento es una emoción humana y además desagradable. Que el aburrimiento se considere que fomenta la creatividad, es una leyenda errónea y que genera dudas… ¡No es necesario tener vacaciones, para aburrirse! Sí es cierto que cuando uno empieza a aburrirse y no hace nada para salir de ese tedio, hastío…, el cerebro empieza a percibir que el tiempo pasa más lentamente, y se manifiesta con conductas pasivas, fatiga media, somnolencia, y en muchas personas se observa una postura corporal abatida, con una expresión de la cara de apatía, o disgusto…; en alguna medida estás desarrollando una emoción dolorosa que llamamos aburrimiento.
Todos, en un momento u otro nos hemos sentido aburridos… Los niños pequeños, con mucha frecuencia se quejan a los padres: “¡Me estoy aburriendo, estoy aburrido…!” Y, de forma coloquial contestamos cualquier simpleza que no tiene ni pies ni cabeza: ¡Cómprate un mono!, o la tan replicante contestación que es falsa: “¡Pues, abúrrete que es bueno!”. Bueno para los niños y mayores, es aprender a que debe haber momentos de soñar, crear un momento de cuando en cuando para vivir de forma más relajada, favoreciendo la concentración y la paciencia, pero eso no es aburrimiento. Nuestros niños y jóvenes tienen tanto donde elegir, que la neurociencia ya nos ha dicho con números grandes que “elegir no da la felicidad”: ¡Tienen tanto que se aburren de tanto que tienen…! La frase cervantina vuelve a nuestras memorias con el dicho: “la abundancia no es regalo”. Y los padres y abuelos nos preguntamos muchas veces: “¡qué les pasa a estos hijos, que tienen de todo y siguen aburriéndose!”. Confucio hace muchos siglos que nos decía: “Hay que educar con un poco de hambre y con un poco de frío”.
Muchas veces eliminamos nuestro aburrimiento, abusando de las nuevas tecnologías y nos aburrimos más, no saliendo de ese círculo vicioso: Móvil, tablets y más tecnología, que al final, dejándonos llevar nos sentimos perdidos y aburridos. No gestionar bien el aburrimiento -no importa estés en la playa o en tu apartamento en verano-, es le mayor de los errores, claro, -aunque no tan claro-, pero la lectura es el mejor antídoto para gestionar el aburrimiento y si es en papel, aún es más rápida la gestión. Lo que nos mata, no es el aburrimiento sino no gestionarlo bien. Por eso no hemos de confundir “el placer de no hacer nada”, con el aburrimiento. La frontera entre uno y otro es tan sutil, que la diferencia está en sufrir o disfrutar… ¡Sufres, estás incómodo: aburrimiento; disfrutas, te evades, te sientes relajado: buena gestión, no hay aburrimiento! Al final y al principio de toda conducta desagradable o acertada, es una emoción que nos puede “matar el tiempo” y las energías dependiendo de lo que realmente aspiremos intencionadamente cuando nos acecha esa emoción desagradable que llamamos aburrimiento.
No debemos olvidar, que en salud mental se define este aburrimiento crónico, sostenido en el tiempo, que lo hay, y en muchos jóvenes; como el “síndrome del boreout”, que se puede desarrollar en síntomas ansiedad, estrés, apatía, desilusión…; aunque la persona no esté activa, ni sobrepasada en ninguna de las responsabilidades. El estrés de “no hacer nada” y sobrellevar esa angustia crónica, con desgana permanente, crea un estrés emocional muy deteriorante. Por eso el verano, las vacaciones son tiempo propicio para cambiar de actitud frente a este aburrimiento que nos hace “vivir muriendo”. Desconecte de los dispositivos electrónicos, pasee, lea, cante, baile, haga ejercicio, hable con los amigos; haga amigos, recupérelos, llámelos, verá qué sorpresa se lleva, empiece a vivir viviendo.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

