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El triángulo negro

Soy de esa generación que en nuestra adolescencia leíamos sobre ovnis y el triángulo de las Bermudas. Unos lo hacían abducidos por estos fenómenos, otros nos acercábamos con espíritu crítico. Hace unos días, una curiosa fotografía se viralizó en internet. Parecía un misterioso agujero negro triangular en medio del océano Pacífico. En realidad, se trataba de un atolón, llamado Vostok y que pertenece al minúsculo país de las Islas Kiribati. La isla está cubierta de un árbol del género Pisonia. El cual crece hasta los 30 metros de altura y muy pegados entre sí. Lo que provoca el efecto óptico de agujero.

Lo que no es un efecto óptico, es el triángulo oscuro que se expande por nuestro país, y cuyos ángulos son: la formación, la educación y la cultura. Y que al igual que un agujero negro espacial succiona todo y confunde los tres términos.

Ante los prolegómenos de la sexta ola y las imágenes de los telediarios, de botellones, riñas callejeras, etc., muchos se preguntaban como las generaciones más preparadas de nuestro país pueden hacer esto. Digo bien generaciones pues no todos eran jóvenes.

Como en el taoísmo, hay un yin y un yang, y junto a los más preparados, estas generaciones son las que más fracaso escolar poseen.

Solemos confundir formación académica, con educación y con cultura. Son tres términos distintos, que pueden ir juntos en una persona. Aunque en la realidad se dan todas las combinaciones posibles.

A la formación académica la suelo llamar “deformación académica”, adaptando las teorías neurolingüísticas de N Chomsky, de alguna manera los estudios troquelan o formatean el disco duro de nuestro cerebro. Los médicos ven diagnósticos, los economistas balances, los enfermeros persona a las que curar y sanar, los ingenieros procesos y rendimientos, etc…

Hoy en día la titulitis nos invade, hay que tener un título hasta para manejar una carretilla, y eso no es sinónimo de cultura, ni de educación.

En la vida nos encontramos personas con muchos y grandes títulos de formación que son unos groseros y mal educados, y unos analfabetos culturales.

A veces nos tropezamos con personas que son educadas, saben estar, pero no son cultas. En el sentido de cultivadas, lo que nos lleva a la idea de revolver la tierra, dar vueltas. Una persona culta le da vuelta a los temas, vuelve a ellos y los intenta ver desde diferentes prismas.

También nos encontramos con personas cultas pero que no son educadas, o no lo son siempre.

Podemos poner ejemplos de las diferentes combinaciones de estos tres términos, incluso con nombres y apellidos.

Este triángulo negro tiene su origen en que a lo largo del tiempo muchas veces han sido parte de un mismo ministerio (Educación y Cultura), entendiendo por educación únicamente formación académica. Y cuando se han separado, Cultura o se ha quedado como un mero jarrón decorativo o como ahora se la ha diluido con Deportes.

En este gobierno tenemos tres ministerios, Educación y Formación Profesional, Cultura y Deportes, y Universidades implicados en este triángulo. Además, se podría también incluir al de Ciencia e Innovación, y la situación va a peor. Sólo basta ver los titulares: “El alumnado que logra el título de ESO con suspensos aumenta del 7,9 al 15,4%”, “PISA constata el bajón de Navarra en lectura, matemáticas y ciencias”.

Por el contrario, como decíamos antes, también tenemos “El 58.3% de la población de 25 a 29 años tienen estudios universitarios o FP Superior”. Sin embargo, esto sólo nos indica que padecemos una bipolaridad en cuanto a formación.

Mientras los datos de las intervenciones policiales especialmente los fines de semana, las colas para ponerse la primera vacuna, los timos y robos a personas de la tercera y cuarta edad, la falta de respeto al otro, nos indican una falta de educación impropia de una sociedad que presume de avanzada y civilizada.

Acaban de rociar con spray las pinturas rupestres de Despeñaperros, patrimonio de la Humanidad. Esta falta de civismo denota una ausencia también de cultura. La cultura es lo que nos diferencia del resto de los animales. La cultura es el mosquetón al que nos aferramos en el medio del caos, tal y como nos lo demuestra Rodrigo Cortés en su nueva película “El amor en su lugar”.

No se puede ser virtuoso en la ignorancia. Como decía Sócrates “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”.

En estos momentos llama la atención el menosprecio que los hunos y los hotros perpetran contra la cultura. El desplante a Almudena Grandes, el cuasi desapercibido fallecimiento de Antonio Escohotado, la persecución a Ana Iris Simón, el desprecio a Javier Cercas, … y podríamos seguir. Mientras nos venden a Carmen Mola, un tres por una, el Premio Planeta ya no puede caer más.

Los finales felices sólo se dan en Erase una vez Hollywood (2019) y no vamos a poder salvarnos como en Interestellar (2014). El triángulo negro nos succiona.

Jesús Bodegas Frías, licenciado en Ciencias Biológicas

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