El mal uso de la llamada libertad de expresión en este país provoca situaciones que nadie, en su sano juicio, debería desear.
No es de recibo que la muerte de un militar, en este caso el militar del acuartelamiento de Aizoáin, aquí en Navarra, muerto por una mala reacción a la vacuna del coronavirus, reciba en las redes sociales, comentarios totalmente indignos contra su persona.
Aquellos que interactúan en las redes sociales deberían saber que sus malas acciones les debería llevar inmediatamente a la cárcel. Se ve que la libertad de expresión y/o el «castigo» o fake news (noticias falsas) en estas redes recae solo para unos y no para todos.
Se dice que la libertad de uno termina cuando empieza la del otro. La libertad de expresión debería terminar cuando provoca sinrazón y odio.

