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Una calle de París

En la asignatura de historia nos enseñaron la revolución francesa y su lema libertad, igualdad y fraternidad. También nos enseñaron la revolución rusa. Pero entre medias hubo otra revolución menos estudiada y de la cual hace ahora 150 años. La llamada Comuna de Paris, tan sólo duró 72 días, del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, pero dejó una serie de influencias que perviven hasta nuestros días y que muchos no saben de dónde vienen. Por ejemplo, el origen de la expresión “asaltar los cielos”, Marx la empleo cuando describió la actuación de los communards.

Hoy en día la polémica continúa en ambientes académicos entre los que lo consideran un gran hito histórico y los que lo ven como un fallido intento con trágicas consecuencias.

Su detonante hay que enmarcarlo en el contexto del colapso del segundo Imperio de Napoleón III, tras la derrota en la guerra franco-prusiana de 1870-1871.

Tras la hambruna provocada por el cerco de París y para garantizar el orden el jefe de gobierno provisional, Adolphe Thiers, el 18 de marzo procede a desarmar a la Guardia Nacional compuesta en su mayoría por trabajadores que habían combatido contra el ejército prusiano.

Estos se sublevan y constituyen la Comuna cuyo símbolo es una bandera roja, que posteriormente será utilizada por los partidos marxistas.

Como hechos positivos resaltar que es la primera asamblea de la historia en que más de un cuarto de sus miembros fueron obreros y en donde se abolió la guillotina, se suspendieron las jornadas nocturnas de los panaderos, se concedió una pensión a las viudas de los miembros de la Guardia Nacional, se separó la Iglesia del Estado y se introdujo el derecho universal de la educación, algo que en la actualidad está en pleno debate en nuestra sociedad.

Como negativos la división interna entre los que apostaban por un gobierno revolucionario y autoritario y quienes optaban por medidas sociales y se oponían a una dictadura revolucionaria. Parece que en este sentido poco hemos cambiado.

La sociedad y a los intelectuales franceses se dividieron ante la Comuna, y el conocido escritor Emilio Zola que posteriormente se convirtió en símbolo de la lucha por la libertad, fue uno de los más críticos con ella.

Si algo perdura en la actualidad de la Comuna de Paris es la lucha contra la exclusión social, ya que los planes urbanísticos del barón Haussmann para la construcción de sus bulevares obligaron a la expulsión con minúsculas indemnizaciones de sus casas a muchos pobres del centro de la ciudad.

Otro es la igualdad entre sexos, nunca las mujeres habían estado en las barricadas y en los comités, un ejemplo es Louise Michel, que aún hoy en día en Francia su rostro es protagonista de cualquier manifestación, y el año pasado un barco de rescate de migrantes en el Mediterráneo fue bautizado con su nombre.

Aún perdura una leyenda negra sobre estas mujeres a las que se las denominó “petroleras” y se las acusó falsamente de prender fuego a edificios públicos.

La Comuna acabó en un baño de sangre, como refleja el óleo de Maximilien Luce y que se titula “Una calle de Paris, en mayo de 1871”. Una gran represión por parte de los llamados “Versallleses”, en la que todavía no hay un consenso sobre el número de fusilados. Algunos historiadores hablan de 6.000, otros hablan de 30.000. Parecido al recuento de nuestras victimas por la pandemia.

Lo que sí es unánime es que la Semana Sangrienta finalizó con 147 “communards” fusilados en el conocido Muro de los Federados.

Sin embargo, muy pocos visitantes de los numerosos que acuden al famoso Sacré-Coeur, en la cima de la pintoresca colina de Montmartre, saben que ahí es donde se inició la insurrección de la Comuna de París y que hoy en día hay una polémica propuesta de demolición, cuyo autor lo que pretendía era provocar para recordar que esta basílica se edificó para “expiar los pecados pasados”.

Quizá debiéramos ver nuestro Monumento a los Caídos como nuestro pamplonés Sacré-Coeur en donde los dos bandos expiemos nuestros errores del pasado y nos sirva de recuerdo de un compromiso mutuo para no repetirlos, zanjando de una vez el debate de demolición si o no.

Jesús Bodegas Frías, licenciado en Ciencias Biológicas

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