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Cómo hemos cambiado…

La inconfundible voz de Sole Giménez, vocalista de Presuntos Implicados, resuena en mi mente: ¡Ah cómo hemos cambiado!

Reflexiono cómo hemos cambiado de aquellos 28J, día del orgullo gay, de finales de los 70 y primeros de los 80. En donde mencionarlo era una nota de provocación y una jornada de reivindicación de igualdad de las personas; al año pasado en donde, durante no sólo un día sino una semana entera, Madrid fue la capital del mundo de las celebraciones del colectivo LGTBIQ+ (siglas que representan a colectivos de Lesbianas, Gays, la T que engloba a transexual, persona que nace como hombre pero se siente mujer o viceversa y quiere cambiar, transgénero término más amplio que no se identifica con su sexo biológico pero puede también aceptarlo y travestis llevan la ropa asociada socialmente al otro género, Bisexuales, Intersexuales aquellos que presentan caracteres sexuales masculinos y femeninos y no renuncian a ninguno, Queers creen que la concepción del sexo es social y parte del colectivo LGTB prefiere no incluirlos, y + que representa a cualquier otra minoría, que no se sienta suficientemente representado con las siglas, como los asexuales) y que, para desgracia de la causa, se convirtió en una macroorgía de chabacanería y ”chonismo” poligonero, en una muestra de exhibicionismo hortera y en una sucesión continua de fiestas en donde yo te doy cremita, tú me das cremita. En las antípodas de la perspicacia irónica de Oscar Wilde, del elegante amaneramiento de Antonio Gala, de la gallardía de Jaime Cantizano y de la resiliencia de Bibiana Fernández.

Como hemos cambiado de la megamanifestación del 8M, en donde según la Vicepresidenta Carmen Calvo, nos iba a la vida, al desangelado e intimista 28J de este año en donde nos va la vida ante otro maldito virus.

Como hemos cambiado la bandera arco iris y el signo + pretenden englobar cualquier opción y buscar la normalización de todos, ahora el Ministerio de Igualdad lo llama autodeterminación de género. Pero si una persona, especialmente si es hombre (cromosoma XY) se declara públicamente heterosexual, se está colgando una diana para ser insultado primero como facha y luego como cisexual, este último en tono de pervertido y degenerado. En términos estadísticos la normalidad sexual es ser precisamente cisgenero. Esto no quita para que todas las personas sean tratadas por igual con mucho respeto y cariño independientemente de sus gustos y preferencias a la hora de con quien usar la cama para no dormir.

La normalidad no hay que forzarla con programas educativos en donde algunas o bastantes de sus actividades, están a la interpretación del profesorado, y son meras e insanas maneras de inculcación de un pretendido nuevo espíritu liberador cuando en realidad son un nuevo engranaje más de alienación y atontamiento social.

Pero como hemos cambiado a finales del siglo XIX la religión era el opio del pueblo y hoy iniciando la loca década de los 20 en el tecnológico siglo XXI resulta que el verdadero opio del pueblo es el sexo, actual arma de los siempre poderosos para alienar a las clases medias, o lo poco que queda ya de ellas, a la creciente clase obrera del precariado y a la bisoña y surgente clase chantajeada, amancebada y domesticada con la renta básica, que lamentablemente necesita de esta ayuda porque el reparto de trabajo no existe.

Sin embargo, como hemos cambiado, todos quien más quien menos, en nuestro amplio entorno social conocemos personas que profesan distintas preferencias o identidades sexuales. Como observador social he podido comprobar que los infantes son los que mejor se adaptan y con más naturalidad aceptan las nuevas situaciones ya sea asistiendo a bodas de homosexuales o lesbianas, ya sea cuando alguna persona de su círculo relacional se descubre como trans.

A pesar de los esfuerzos en programas educativos y campañas de sensibilización, es alarmante el alto índice de maltrato en las parejas, incluidas las de nuevas identidades, y el incremento de actitudes y agresiones homo y transfóbicas, especialmente protagonizadas por jóvenes.

Siguen las conductas “supremacistas”, llamadas machistas algunas micro y otras macro, que nunca cambian, pero que se maquillan de progresismo de pasillo del Congreso, moqueta de palacio presidencial y pancarta de reivindicación callejera. En donde la pareja es enchufada en puestos de visibilidad y gran salario por el miembro alfa, que presume de igualdad, o es intercambiada como un cromo y relegada cuando deja de ser compañía sexo-sentimental. Muestrario deformado de una cuota de igualdad que, en vez de buscar la excelencia y la valía personal e individual, promociona y encumbra a la mediocridad de ambos genotipos XX y XY independientemente de la respectiva ”autodeterminación sexual”.

Ah! Cómo hemos cambiado…..

Jesús Bodegas Frías, licenciado en Ciencias Biológicas

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