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Boceto semanal

Dice Sánchez por activa, pasiva y perifrástica que ya estamos en la “nueva normalidad”.

El 21 de junio, dice también, finalizará el estado de alarma. El que España sufre desde hace más de 3 meses, por un coronavirus.

Cuando, a tenor de los acontecimientos, la falta de credibilidad en este Gobierno y su frase “este virus ha venido para quedarse”, más bien indica lo contrario.

Cuando esta fórmula de Gobierno les otorga el poder absoluto… por decreto.

Con una oposición… que ahí está. Alguna palabra más alta que otra, votos contrarios o abstención… Ciudadanos que opta por apoyar a Podemos-PSOE por contrapartidas políticas de poder (véase Madrid) y encuestas, solo encuestas, de recuperación.

En cualquier caso, nos aboca a una normalidad anormalizada, diríamos, que deja a este país al albur de lo que pueda venir, bueno o malo.

Nueva normalidad en la que la apertura de fronteras se anuncia a la vez que el rebrote general, ya constatado por el PNV en el País Vasco. Si, el que negoció con Sánchez la aprobación de las distintas prórrogas alargando sine die el estado de alarma.

Una nueva normalidad en la que el Gobierno de Sánchez e Iglesias cede a las autonomías sus funciones en ese otro palabro de “cogobernanza”.

Ahora en Educación. Con solo unas recomendaciones: el inicio del curso y disminuir la ratio por aula a 20 niños, sin mascarilla ni distancias de seguridad para menores.

En definitiva, 17 planes distintos de contingencia que pueden crear enormes diferencias.

Pero lo que sí es verdad, la libertad perdida en un estado de alarma nunca antes vivido en la democracia española. Prensa, fundamentalmente televisión, radio, redes sociales se encuentran a merced de ese tipo censura llamado “silencio informativo” o “desinformación”.

Con todo, asistimos a un ataque a la línea de flotación económica, social, personal y colectiva; intromisión en la Justicia que pretende justicia y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluyendo el deseo-intento de desmilitarizar la Guardia Civil.

Un estado de alarma que empezó por una emergencia sanitaria y hoy los ciudadanos están pendientes solo de las ayudas que puedan recibir, impuestos que no deban pagar y una sensación de que el Gobierno quiere controlarlo todo.

Entretanto, en Navarra, continuamos con el “euskera”. El gobierno socialista/nacionalista de Chivite en lugar de preocuparse por informes como el de SATSE, sindicato de enfermería, que estima que Navarra no tiene camas en UCI para un rebrote de coronavirus, se ocupa de política lingüística.

Y en pleno estado de alarma, dentro del llamado Plan ‘Reactivar Navarra’, se dedica a firmar convenios -de soslayo- para fomentar el uso de este idioma minoritario en Navarra y para el que tanto presupuesto se destina.

Por lo visto, debe ser la solución al coronavirus.

¿Realmente es el “euskera” lo prioritario cuando en esta crisis, llamada sanitaria, nuestros ancianos han sido los desprotegidos, cuándo la crisis económica y el paro creados están marcando situaciones verdaderamente alarmantes en la familia, empresas, autónomos y en la sociedad?

Nieves Ciprés, periodista

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