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Lateral izquierda Castillo de Javier

Satisfecha la visceralidad irresponsable de muchos, llega la hora del “agradecimiento” a no pocos (2)

Terminaba ayer con “Y la historia se repitió en 2011…”. Sigamos con los “agradecimientos”.

Podríamos recordar algunas críticas internas de ciertos barones entonces, tras la pérdida de las elecciones de Marzo de 2008, la invitación del líder: “el que quiera irse al partido liberal o al conservador, que se vaya”, que no sólo nadie respondió sino que todos los “críticos” le dieron su apoyo en el tenso Congreso de Junio siguiente en Valencia, pero se alargaría esto demasiado y, aunque importante de analizar, no sé si fue decisivo en lo que vino después, aunque tal vez sí. Pero el desastre ZParo obró el milagro y se ganaron las elecciones de 2011, un bálsamo eficaz.

La ruina económica heredada del que ya volvía a ser Partido Siempre Opuesto a España era evidente, casi seis millones de parados aunque “nunca llegaremos a cuatro”, que decía el -a la sazón- ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, prima de riesgo por las nubes, crédito internacional bajo mínimos, etc., pero muchos no se dieron -o no se quisieron dar- cuenta de que, pese a su gravedad, lo que se heredaba peor de ZParo era la situación social del pueblo español, con las dos Españas abiertas, el relativismo implantado en colegios y universidades, el nacionalismo adoctrinador creciente, un naciente “sentimiento nacionalista” en regiones que nunca habríamos podido pensar que apareciera, etc. La crisis económica -que no las otras, mucho más importantes- produjo el cambio político que anticipaban los resultados obtenidos en Mayo en los comicios municipales y autonómicos, en los que trece autonomías y las dos ciudades autónomas -otra aberración más del café para todos- más 32 ayuntamientos, se tiñeron de “azul Génova” y lo que estaba cantado se completó el 20N que podría haber añadido una tercera efemérides a esa fecha -hasta entonces célebre por el doble aniversario del asesinato de José Antonio Primo de Rivera en 1936 y la muerte de Francisco Franco en 1975, en la cama, recuerdo una vez más-, un largo periodo de desaparición del PSOE  tras la agónica situación en la que dejaba los restos zapaterinos -110 diputados- el “héroe” Alberto Pérez Rubalcaba -al que lo que vino después puede que nos haga añorar-, de cuya realidad fue protagonista destacado.

Y aquí doy mis primeras “gracias” a Mariano Rajoy, que de haber dado el “empujoncito” que no pocos de los casi once millones que lo volvimos a votarlo esperábamos, podría haber completado la tercera efemérides del 20N, pero no lo dio. Parece que, tres años después de su controvertida vuelta de esa posible abducción mejicana que algunos dijeron, sólo quiso -o pudo, por ser bueno, que no debería- ver la pésima situación económica heredada, cierta -y posiblemente peor de lo que muchos imaginemos- que puede que no le dejara ver las otras -sigo siendo bueno-, las importantes de verdad, porque de las económicas mal que bien, antes o después, se sale y más aún con la globalización actual de la Economía, Europa y esas otras circunstancias que nos vienen de fuera.

He llegado a pensar que tal vez hubiera sido mejor la temida intervención de los “hombres de negro” y haber arreglado los daños estructurales mientras otros ponían en orden las cuentas, pero eso ya es una quimera en el limbo. Como decía “no vio” la otra crisis, la social, educativa y cultural, que se fue apoderando del pueblo lentamente en ese aciago periodo socialista y que requería alta cirugía, pero en ningún caso puso al enfermo, “España”, en la mesa de operaciones, abierta de arriba abajo y pidiendo a Dios que las metástasis que se encontraran no hicieran más difícil aún la recuperación. No se abordó una verdadera reforma educativa, recuperando transferencias y haciendo un programa Nacional que recogiera las características regionales que fueran necesarias -pero así, no que esas características fueran el tronco del programa como se ha hecho en no pocas autonomías-, tampoco se abordó la indispensable reforma de una injusta Ley Electoral que prima al nacionalismo ni se paró la carrera nacionalseparatista sino que se “descubrió” el “diálogo sin fecha de caducidad” que llevó a dos referéndums, que no lo iban a ser pero que a su manera sirvieron para reforzar el desafío nacionalista, sin respuesta en el primer caso (9-N-2014) y con una muy tímida en el segundo intento (1-O-2017) que acabó en la “proclamación de la república catalana” que duró lo que un caramelo a la puerta de un colegio y poco más duraron las medidas tomadas con el pretexto del maldito consenso -innecesario en ese momento por la mayoría absoluta del PP en el Senado y más aún conociendo un poquito a los “socios”- pese a que se anunció a bombo y platillo que “la intervención de Cataluña duraría hasta que se recuperara la situación de normalidad” y se “resolvió” -sin recuperar nada sino con una situación agravada por días- convocando unas inoportunas elecciones regionales a celebrar mes y medio después de la “intervención”, que sólo sirvieron para reafirmar lo que había dado lugar al “control” por parte del Estado. Todo ello después del enorme aviso que supusieron el monumental varapalo sufrido en las elecciones del 20D de 2015 que dieron lugar a dos intentos fallidos de investidura por el clon de ZParo tras la renuncia a formar gobierno del candidato del partido más votado ante la debilidad de sus 123 escaños y que acabaron con la repetición de elecciones el 26J de 2016 que mejoraron en los dos sentidos la situación aunque no lo suficiente, el PP subió a 137 escaños y el PSOE cayó a 84 de los ya escasos 90 de seis meses antes. Y aquí de nuevo “gracias” querido Mariano por no haber querido una tercera repetición de elecciones -como le pedí entonces- en las que todo apuntaba a que el PP hubiera crecido por encima de 150 escaños y una segunda oportunidad para que el PSOE siguiera rumbo a la larga desaparición temporal que antes comentaba, después de la renuncia al escaño y salida de la Secretaría General del candidato socialista al que sus propios compañero pillaron con las manos en la masa de manipular las urnas en la trastienda. Pero no, se prefirió gobernar en precario frente a unas posibles sumas en el desde 2015 “hemicirco”, que auguraban lo peor. Y lo peor llegó en forma de moción de censura el 1J de 2018 basada en una mentira, la primera transcendente del que llegaba apoyado por la reedición del frente popular de 1936, populismo comunista y separatismo de izquierda y derecha, catalán y vasco. Pero no se frenó sino todo lo contrario y por ello mis terceras “gracias” amigo Mariano. Omito más detalles, copas, ausencias del pleno y transmutación en bolso por no alargarme más aún, pero muchos lo recordarán, por supuesto. Sé que alguno me dirá que hizo una “buena gestión económica”, pero no entraré en el cómo, que alargaría aún más esta serie, así que, en términos globales, se lo compraré para no polemizar más, pero se dejó mucho en el tintero.

Y como no podía ser de otra manera viendo lo que vimos, la débil situación del recién llegado, el mentiroso doctor Plagio cum Fraude: “Presento la moción para convocar inmediatamente unas elecciones generales y recuperar la estabilidad política”, que se convirtió desde el primer día en un desesperado intento de permanencia en el poder a costa de lo que fuera, desembocó en menos de un año en precario en unas inevitables elecciones que en lugar de aclarar complicaban el panorama, subida insuficiente del PSOE -123 escaños-, debacle del PP -68 escaños- que pagaba el descontento y cabreo con Rajoy -razonables ambos, pero irracional la consecuencia-, en el trasero del recién llegado Pablo Casado, subida insuficiente del aspirante a todo sin ideología alguna, Alberto Carlos Rivera -57 escaños, bajada notable -43 escaños- pero salvando el tipo, del populista PabLenin Iglesias, ya convertido en “marqués de Galapagar” -que no le pasa la factura que debería- y algo muy malo para la derecha, la desmesurada subida de VOX -24 escaños- que casi había desaparecido hasta la llegada a Moncloa del nuevo inquilino -46.000 votos en las generales anteriores de Junio de 2016, una casualidad “causal”, me temo, al que un imprevisible resultado en las elecciones andaluzas del 2D de 2918, a las que ni pensaban presentarse, les dio unas alas que, impulsadas por la descarada apertura de los canales televisivos dominados desde hace décadas por la izquierda, los puso en una órbita en la que ni los verdes más optimistas podían imaginar nunca. Dos nuevos fracasos de investidura obligaron a repetir elecciones en seis meses, como en 2016, que en este caso empeoraron los números individuales de la izquierda y el nacionalismo, pero seguían permitiendo una suma para el desastre por la nueva división del centro derecha, dos de cuyos componentes rechazaron el “España Suma” de Casado, y la dichosa Ley electoral. Con esa situación, los protagonistas de la moción no estaban dispuestos a dejar pasar este nuevo tren que les ponía a tiro el destino y lo aprovecharon.

Hasta aquí esta segunda entrega aunque faltan “agradecimientos” directos e indirectos que también han tenido mucho que ver a  mi juicio con la preocupante situación de hoy, probablemente mejor que la de mañana, que terminará mi condición de “agradecido”, por ahora.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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