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Lateral derecho Castillo de Javier
Lateral izquierda Castillo de Javier

De Rajoy a Abascal y tiro porque me toca. Una culpa muy repartida.-

Desgraciadamente, se cumplió la peor de las expectativas -para algunos, claro y, me temo, para España- y la izquierda amiga de los enemigos de España ganó las elecciones. Al final las mal llamadas “tres derechas” que los medios acuñaron y se acabó imponiendo en la sociedad, no llegó a sumar los escaños necesarios pese a una suma de votos muy semejante a la del Partido Siempre Opuesto a España y su potencial socio Podemos. EL “divide y vencerás” que interesadamente extendió la izquierda a través de esa mayoría de medios próximos a su ideología -prácticamente todos, escritos o audiovisuales- y de la que se aprovechó cada uno de los dos extremos de esas derechas a su manera, consiguió su objetivo y ganó el Dr. Plagio, pero esta vez con la legitimidad que le dan las urnas y no como okupa apoyado por los enemigos de España en un nuevo frente popular. Alea jacta est!

Llegan ahora las posibles quinielas para conformar una mayoría parlamentaria que permita investir a Mr. Falconeti para empezar la “embestida” impositiva que nos espera, hayamos votado lo que hayamos votado, con la cabeza o con las vísceras, uno de los puntos débiles de la democracia, todos los votos valen igual aunque algunos, muchos en esta ocasión, hayan ido a la basura y sólo sirvieran para beneficio del partido más votado, merced a esa injusta Ley D’Hont y sus diabólicas divisiones.

La inmediata puede parecer una confluencia PSOE/Podemos, 165 escaños, que podrían completar con nacionalistas de uno u otro color en el temido gobierno Frankenstein o con los escaños de los minoritarios -llegarían a 175-, algunos como el del PRC de Miguel Ángel Revilla, el antiguo falangista cántabro, que se estrena en Madrid, y por supuesto apoyará que no haya que cambiar de nuevo el colchón en Moncloa o el, en principio más moderado PNV, no muy de fiar, pero comprable con dinero y transferencias, al menos en el corto plazo, que después ya mostrarán su deriva separatista. Pero claro, también llevo algún tiempo diciendo que si les daba la suma y pese al brindis al sol de Alberto Carlos Rivera y los suyos de “no pactaré con el PSOE”, se comería con patatas su “firme” decisión y volvería a juntarse con los de Ferraz, como ya hizo tras las elecciones de 2015 en las que “nunca apoyaré un pacto de perdedores” y apoyó al perdedor Sánchez o “nunca pactaré con Rajoy” y lo hizo seis meses después, eso sí “por el bien superior de España”, que justifica su “sacrificio lunar”, creciente o menguante, según convenga a SU causa. Ya sabemos la veleidad del “libertador” catalán y la suma le da, 180 escaños, o sea, que otra cosa habría más lejos que ese “pacto a la ciudadana”, es decir, con quien se ponga a tiro siempre, eso sí, que “no rompa España ni vaya con Podemos”, que sería menos mala que las otras opciones. Mejor susto que pánico.

Tiempo habrá para ir viendo los movimientos de unos y otros que, en cualquier caso y más allá de los juegos florales de los próximos días, no serán serios ni mucho menos definitivos hasta que se deshoje la segunda margarita del próximo 26 de Mayo en las que se decidan los “representantes” -es un decir- autonómicos y municipales. También los europeos, pero eso en España importa menos y no deja de ser un cementerio de elefantes bien pagados como agradecimiento a los servicios prestados o eliminación de compañeros incómodos a los que no se puede eliminar del todo.

Y surge la obligada pregunta de ¿cómo hemos llegado hasta aquí y quién tiene la culpa del ya evidente fracaso del sistema que “nos dimos” los españoles en 1976-78? La respuesta se saldría del alcance de un artículo salvo que lo resumiéramos mucho diciendo TODOS, por acción o por omisión, pero también sería resumir demasiado y no todos tenemos la misma categoría de culpabilidad, así que voy a referirme a lo más obvio e inmediato con algún paso obligado por lo anterior.

Lo más inmediato para muchos, especialmente para bastantes de esas mal llamadas “tres derechas”, en especial para los que votaron a ambos lados del PP -verdes y naranjas-, el culpable es sin duda Mariano Rajoy por la “continuidad” de las políticas socialdemócratas de José Luis Rodríguez.

Claro que la culpa no es sólo de Rajoy, siendo la más cercana y por ello quizás más tangible, pero no olvidemos que los Pactos del Majestic de José Mª Aznar empezaron en el PP las cesiones al nacionalismo, que luego siguieron con el desaprovechamiento de la primera mayoría absoluta que no hizo nada de lo que España necesitaba, Ley de Educación rigurosa y unificadora, puesta en marcha del Plan Hidrológico Nacional, Igualdad de derechos en parejas homosexuales que los hubiera dejado más que satisfechos y tal vez habría evitado el siguiente paso hasta el “matrimonio”, modificación de la Ley Electoral, etc., pero todo quedó para la siguiente legislatura que daba por segura que sería la “continuidad”, para lo que eligió a un sucesor plano, seguramente buen gestor para seguir algo bien programado, lo que hace un buen funcionario, pero en absoluto el líder político que una situación más complicada pudiera necesitar. Realmente, lo que eligió en su día José María Aznar no era un potencial Presidente del Gobierno sino más bien un “Administrador Concursal” -como muy acertadamente lo definió un amigo hace unos días-. Y de eso ejerció realmente, administró la quiebra heredada de su antecesor sin darse cuenta de que el verdadero problema de España era mucho más que el económico del que, una vez sacados de la crisis y vuelta a la alegría del gasto, la memoria de pez del aborregado pueblo español se olvida pronto, desde el reconocimiento de que nos salvó de la intervención de Bruselas y el consiguiente recorte a la griega de las prestaciones sociales -pensiones, sueldos de funcionarios- eso sí, con una carga fiscal superior a la que pedía entonces Izquierda Unida, pero ganó lo otro: su mala gestión con los presos etarras, el aborto o la crisis de Cataluña después de dos intentos fallidos de golpe de Estado, el primero de Arturo Mas el 9 de Noviembre de 2014, y el segundo el 1 de Octubre de 2017 que acabó con la fuga de Carlos Picodelmonte y parte de su cuadrilla, sin contar que pareció que se miraba para otro lado ante el despilfarro de las embajadillas catalanas por el mundo sin recortar recursos a los independentistas y cuando por fin se actúa con la aplicación del Artículo 155 se hace de forma muy suave y durante un plazo muy corto.

Como tampoco fue culpa de Rajoy que se celebraran las elecciones de 2004 en el estado de shock de la sociedad española, decisión de Aznar, que debió suspenderlas demostrando no conocer muy bien la idiosincrasia -o tal vez el grado de idiocia- del pueblo que gobernaba. Lo contrario que sí demostró Rajoy respecto al partido que heredaba cuando en Abril de 2008, en Elche, tras perder sus segundas elecciones frente a Zapatero y a la vuelta de su retiro mejicano, ya abducido por el NOM parece, dijo aquello de “El que se considere liberal o conservador que se vaya al partido liberal o al conservador”, y dos meses después fue ratificado como Presidente del PP y nadie se fue salvo María San Gil -la única coherente cuando le desmontaron su ponencia política-, mientras Jaime Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Alejo Vidal-Quadras y otros siguieron, fuera hacía mucho frío.

Y así llegamos al segundo culpable directo en el corto plazo de lo ocurrido el pasado domingo, VOX y su hoy presidente Santiago Abascal. Casi seis años después de aquel nefasto XVI Congreso de Valencia, muy tarde sin duda, y tras la constatación de que la mayoría absoluta obtenida en Noviembre de 2011 no respondía a lo que cerca de once millones de españoles esperábamos, se organizaba lo que muchos consideramos como la alternativa para hacer volver a sus orígenes al desnortado Partido Popular. Pero empezó mal, entre otras cosas porque mi querido amigo Alejo se fue tarde del PP y admitiendo en sus filas a un chico ambicioso al que apreciaba y al que generosamente recogió de la calle cuando se caía de la última silla no menos generosa de las que había vivido sin nada destacable los últimos veinte años en el partido, que llegaba con no demasiadas buenas intenciones y que una vez “asegurado” su futuro en el nuevo proyecto también dejaba el PP con una primera demostración de que además de ambición venía cargado de deslealtad como explicaba en mi segundo artículo de la semana pasada y que tras varias zancadillas y una “puñalada” final al día siguiente de las elecciones europeas de Mayo de 2014, se quedó con el proyecto tras la retirada de su auténtico fundador de la batalla por levantar lo que sin duda nació -o al menos eso creímos muchos- como una verdadera alternativa a la derecha liberal conservadora ausente del PP y vino lo que vino, primero la casi desaparición de VOX y, cinco años después, la devolución de la jugada por parte del PSOE al Partido Popular que se la había hecho con Podemos entre 2011 y 2015. Otra “genialidad” política del Sr. Rajoy o de quien fuera de su equipo cuando hubiera conseguido acabar con el PSOE de Pérez Rubalcaba simplemente con cumplir lo que le encargábamos en 2011.

Por supuesto, no podemos dejar atrás como factor importante de esa culpa la decisión de Rajoy de formar un Gobierno en precario tras las repetidas elecciones de Junio de 2016 cuando le hubiera venido mejor, en mi opinión a España -y por supuesto a él-, alargar la inestabilidad unos meses más y convocar una tercera ronda electoral -lo escribí en su día- que sin duda hubieran consolidado un triunfo más holgado, “Pensando más en España que en el partido o en él”, decía hace un par de días Celia Villalobos, una de las purgadas en este nuevo PP. Esa decisión dejaba abierta la posibilidad de lo que dos años más tarde se producía, la suma de todos los enemigos de España para apoyar la ocurrencia del superviviente sin escrúpulos de Ferraz de presentar una moción de censura que acabó como recordaremos con la “transmutación” de Rajoy en bolso, sobre su escaño,  en la jornada final de la moción de censura, mientras “ahogaba” sus penas en compañía de algunos fieles en un restaurante cercano a la sede del Ayuntamiento madrileño. Muy lamentable, sin entrar en más detalles, aunque el pluritránsfuga Juan Carlos Girauta, hoy flamante diputado cunero de Ciudadanos por Toledo, insiste en que se podía haber evitado el frente popular si Rajoy hubiera presentado su dimisión o convocado elecciones entonces. Yo tengo mis dudas y creo que sólo hubiera sido retrasar lo inevitable, pero en cualquier caso eso quedará como un futurible indemostrable ya.

Decía Jesucristo “…sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?” (Mt 5,13-16) y no cabe duda de que el PP se volvió soso y cuando parecía que tomaba “sabor” de nuevo ha llegado este golpe derivado del siempre perverso efecto del “divide y vencerás” propiciado sin duda por haber querido hacerse tan progres como los progres y no haber actuado diligentemente contra la corrupción de muchos de sus filas y, no menos importante, por la manipulación de los sentimientos que ha hecho ese “desertor” defenestrado del PP vasco y después de Madrid, un fin en sí mismo, que ha visto cumplido su objetivo. Ya está con su bolsillo asegurado en el presupuesto y necesita menos a sus abducidos y palmeros en general. Empieza el camino de la verdad para los que no quisieron hacer caso de las advertencias que algunos les pusimos en bandeja.

En el PP se impone continuar la limpieza que pedimos desde el cambio y que las urnas han iniciado, seleccionar mejor y cortar definitivamente con el pasado. Y aunque los colaboradores necesarios hicieron lo suyo, alguno reconoció en su tertulia-monólogo que había  votado al Partido Popular. Por algo se empieza. El 26 M se puede arreglar algo el desastre del 28 A.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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