
Estas fechas navideñas en las que se reivindican los encuentros familiares, resulta frustrante comprobar cómo algunas familias llevan años sumiéndose en una tristeza profunda.
Su tristeza viene provocada porque los terroristas de ETA mataron a sus seres queridos. Uno de ellos fue el General de Brigada de la Guardia Civil Juan Atares, asesinado tal día como ayer del año 1985 en la ciudad navarra de Pamplona.
Un nutrido grupo de personas, ayer le rendían un homenaje sentido a él y a otras víctimas del terrorismo. Al acto acudían representantes políticos, entre ellos una representación del actual Gobierno nacionalista vasco de navarra y de partidos nacionalistas.
Debe resultar muy doloroso para los familiares de las víctimas de ETA comprobar cómo a los homenajes de sus familiares acuden, quienes hasta hace pocos, muy pocos años, rechazaban su participación y “jaleaban” a sus verdugos. Debe resultar muy indignante comprobar cómo se permiten, se aplauden, homenajes a quienes mataron, a quienes asesinaron.
Hoy la sociedad mira hacia otro lado. La memoria viva del terrorismo etarra no interesa y cuando interesa es para equiparar víctimas con verdugos. El mundo al reves.

