
Si hace unos pocos años el delito de odio hubiera existido en este país, estarían las cárceles llenas. Baste recordar el profundo odio hacia lo español que desde el nacionalismo vasco se viene inculcando a la sociedad vasca y que apenas se ha hecho nada para evitarlo.
Una misma situación de odio hacía lo español se está repitiendo en la sociedad catalana. Tras años de adoctrinamiento, muchos de los catalanes que hoy habitan las tierras de Cataluña, sienten una clara animadversión hacía el país del que forman parte.
Todo el mundo intenta evitar una declaración unilateral de independencia por parte del gobierno de Puigdemont y de sus jefes, los anticapitalistas de la CUP. Con ello, parece que está todo solucionado. Ni mucho menos, haya o no haya declaración, haya o no haya elecciones en Cataluña, aunque no se vayan las empresas, el odio seguirá ahí.
Sea o no delito, considérese o no delito en la Justicia, ello continuará. ¿Cuántas declaraciones de independencia habrá en un futuro próximo?.
