
Felipe VI preside la sesión solemne de las Cortes en el 40º aniversario de las elecciones de 1977, las primeras de las democracia
Sus Majestades los Reyes han presidido la Sesión Solemne de las Cortes Generales que se celebró en el Palacio de las Cortes para conmemorar el 40º aniversario de las elecciones celebradas el 15 de junio de 1977, en las que se eligió el Congreso y el Senado de la Legislatura Constituyente.
El Rey ha llamado este miércoles a preservar “el bien más preciado” que trajo aquel 15 de julio de 1977 a través de la aprobación de la Constitución: “La convivencia”. Por ello, en clara alusión a posibles reformas, ha prevenido que “ningún camino que emprenda nuestra democracia puede –ni debe– conducir a una ruptura de la convivencia”.
“Porque dentro de la ley es donde cobran vigencia los principios democráticos, donde se deben encauzar los antagonismos y resolver los desacuerdos y las diferencias, mediante el diálogo, mediante el debate”, ha enfatizado. “Fuera de la ley solo hay arbitrariedad, imposición e inseguridad”, ha aseverado.
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Su Majestad continuó su intervención con un recuerdo a «la Constitución de 1812», de la que dijo que «ya supuso un referente esencial de la unidad, la soberanía y la libertad de los españoles» y subrayó lo «bien que hicimos en celebrar no hace tanto su Bicentenario». «Sin embargo», prosiguió Don Felipe, «desde entonces, España vivió bajo la vigencia de sucesivas Constituciones —o leyes con rango constitucional— que no fueron capaces de proporcionar y garantizar la estabilidad política, el progreso social y económico ni la convivencia en paz y libertad que los españoles anhelaban. Fue una época convulsa e incierta, en la que se sucedían los pronunciamientos y los golpes de estado, las guerras y la violencia. Se derribaba una y otra vez todo lo que antes se había construido».
Don Felipe tuvo un recuerdo para «el Congreso y el Senado surgidos de esas elecciones», en los que «se unieron varias generaciones de españoles, del interior y del exilio, con trayectorias vitales muy diferentes, con ideologías muy alejadas, pero todos ellos guiados e inspirados por un mismo espíritu», remarcó. Todo ello supuso que «nadie en España debía volver a ser enemigo de nadie; la exclusión y la imposición, la intolerancia y la discordia debían ser sustituidas por la renuncia al dogmatismo y la defensa de las propias convicciones con pleno respeto hacia el adversario y hacia las opiniones ajenas o diferentes». Fue desde ese momento, indicó Su Majestad el Rey, cuando «los españoles, como ciudadanos», comenzaron a «disfrutar de los derechos civiles, políticos y sociales propios de un régimen democrático, que garantizase la pluralidad y la alternancia política mediante elecciones libres y periódicas».
Su Majestad el Rey aprovechó la ocasión para «mostrar publicamente el mayor respeto, gratitud y admiración a quienes hicieron posible, con responsabilidad y sentido de Estado, este gran avance colectivo. Porque si hoy la democracia y la libertad son una evidencia, se lo debemos a ellos. Porque entonces, hay que recordarlo, no lo eran». Don Felipe señaló que «los parlamentarios del 15 de Junio no estuvieron solos, contaron con la compañía de «los líderes intelectuales, culturales, empresariales y sociales de la España de aquel tiempo, en el que también los Medios de Comunicación desempeñaron una función muy relevante y necesaria. España entera se movilizó, unida y con el voto de sus ciudadanos, a favor de la libertad en paz, la convivencia y la democracia», continuó.
Don Felipe quiso rendir homenaje también al verdadero protagonista de esos años, «el pueblo español», del que dijo que «lo fue con su participación y voto en el referéndum para la aprobación de la Ley para la Reforma política; lo fue con su participación en las Elecciones del 15 de Junio; y lo fue en el Referéndum de 6 de diciembre de 1978 por el que se aprobó la Constitución». Como consecuencia de estas tres decisiones «el pueblo español decidió, sin reservas, caminar unido en una misma dirección» […] y «devolvió a España la confianza en sí misma, la autoestima y el orgullo de ser, en primer lugar, un ejemplo para nosotros mismos y en segundo lugar, una referencia para las democracias en todo el mundo». Desde entonces, Su Majestad el Rey manifestó que España, «es un país respetado, apreciado y por qué no decirlo, querido», haciendo especial hincapié en que todos estos logros se han alcanzado en «un marco de libertad, solamente quebrantada durante años por aquel terrorismo felizmente derrotado con toda la fuerza de la sociedad española, con el peso de nuestro Estado de Derecho y con la cooperación internacional».
Su Majestad el Rey hizo especial énfasis en que «ningún camino que se emprenda en nuestra democracia puede -ni debe- conducir a la ruptura de la convivencia, al desconocimiento de los derechos democráticos de todos los españoles o a la negación de los valores esenciales de la Europa a la que pertenecemos» y se reafirmó en que «menos aún, en un camino que divida a los españoles o quiebre el espíritu fraternal que nos une».

Faltando D Juan Carlos es como si muchos de los que ayudamos con nuestras aptitudes y nuestro respeto a lo que se construyó en aquel momento, ahora no se valorara.
Franco le dio todo el poder a D. Juan Carlos, podía habérselo quedado y nos lo dio. 4 años después pudo recuperarlo, se lo regalaban unos generales a los que la democracia no les molaba. Lo rechazó. Le podrá gustar la vidorra en todas sus facetas, pero ha sido un actor imprescindible en la llegada y estabilización de la democracia. Él empezó la Transición, y su intervención el 23-F sirvió para que ésta finalizase: año y medio después la izquierda ganaba unas elecciones generales, sin trampas, con 202 escaños. Tiene mucho más derecho a estar que el 99% de los que ahí estaban.