Últimas noticias

Joaquín Madurga ‘in memoriam’: «El que canta ora dos veces»

El que canta ora dos veces es, además de un conocido refrán, una enseñanza que encontramos en el punto 1156 de Catecismo de la Iglesia Católica y que, a su vez resume el magisterio de San Agustín, quien, en su Comentario al Salmo 73 (72), dice: «Pues aquel que canta alabanzas, no sólo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no sólo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor«.

El viernes cerraba sus ojos a este mundo el sacerdote y compositor Joaquín Madurga Oteiza, ya y para siempre vinculado a Navarra a Pamplona y a sus fiestas por su Jota a San Fermín, de la que todos recordamos este fragmento: “Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza, la que hoy te canta./ Es la jota de tu Navarra Fermín bendito, la que hoy te ensalza./ Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza, la que hoy te canta./ Con la jota de tu Navarra va la oración del pueblo que te ama./ Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza, la que hoy te canta”.

Muchas veces basta una canción para enlazar a un hombre con un pueblo. Así ocurre, por ejemplo con las canciones Granada, escrita en 1932 por el mexicano Agustín Lara, con el pasodoble Valencia, compuesto en 1924 por José Padilla, o con el Canto a Murcia, de la Zarzuela La Parranda, con música de Francisco Alonso y libreto de Luis Fernández Ardavin, estrenada en 1928. Obras que, al igual que la Jota de Madurga, con el paso del tiempo se ha convertido en clásicos y no sólo en simple folklore popular.

Joaquín Madurga Oteiza, nacido en 1938 en Dicastillo (Navarra) y fallecido en Logroño este 9 de junio de 2017, fue ordenado sacerdote en 1961. Licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino de Roma, y Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia. Desempeñó la pastoral durante 21 años en la Parroquia de Santiago de Pamplona, en la que fundó la Coral del mismo nombre, con la que grabó sus primeros discos para Ediciones Paulinas. También realizó cursillos de “gregoriano” en Montserrat y en Santo Domingo de Silos.

La grave afección cardíaca que ha terminado con su vida hizo que fuera retirado de su actividad pastoral, aunque permitió que continuara su formación en Madrid así como su prolija obra como compositor, que incluye cantos litúrgicos, auroras, himnos, habaneras… Baste citar, junto con la Jota a San Fermín, las auroras Puente la Reina a Santiago, adaptada por los Amigos del Camino de Santiago como canción oficial representativa, Salve, Aurora de la mañana, canto oficial de la Concentración de Auroros de Navarra, el Himno del Logroñés por su ascenso a 1ª división en 1978, o Dicen que se muere el mar, con la que, en 1996 obtuvo el Premio de Composición de Habaneras en el Certamen Internacional de Torrevieja.

José Zorrilla se consideraba más un versificador que un poeta. De forma similar, Joaquín Madurga, quien siempre llevaba un lápiz y dos papeles en blanco en el bolsillo de su camisa, uno para las notas y el otro para la letra, “porque la inspiración es a veces un instante”, decía en una entrevista “no soy escritor, soy escribidor, mi poesía es la de siempre, la de la rima, pero poeta es el que da ideas selectas, eso es un don”; y reconocía que “lo de la música, lo de componer melodías que sobrevivan décadas, que queden en la historia, es un don, al tiempo que reconocía que componía, escribía, ensayaba, cantaba… “Y así no muero”.

Desde siempre y donde quiera, el canto eleva nuestro ánimo porque es una forma intensa de expresión. El genial Richard Wagner confiesa que para componer sus óperas escribía primero el folleto; luego lo leía reiteradamente, y de la lectura intensa brotaban espontáneamente las melodías y las armonías. La música es una forma de expresión de gran voltaje. En este sentido, San Agustín, de espíritu abierto a los sentimientos nobles, vivió con tal intensidad la emoción que produce el canto que llegó a verlo como un ídolo que se interponía entre él y el Creador. Más adelante, reconoció gustoso el papel de mediador que puede ejercer el canto entre el creyente y el Dios al que adora: “Con todo, cuando recuerdo las lágrimas que derramé con los cánticos de la Iglesia en los comienzos de mi conversión y lo que ahora me conmuevo no con el canto sino con las cosas que se cantan, cuando se cantan con voz clara y una modulación convenientísima, reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre”. Esto aplicado a nuestra  tierra y a la jota, lo hemos escuchado en la prodigiosa voz de Raimundo Lanas, el Ruiseñor navarro: “La jota navarra tiene / algo misterioso y grave / desde que fue la oración / con que rezaba Gayarre”.

Sin entrar en profundidades, hoy, fuere como fuere, es un hecho que, como el maestro Turrillas o el Padre Ordóñez con sus muchísimas composiciones, como Ignacio Román y Rafael Jaén con su No te vayas de Navarra, como Miguel Astráin con su Vals del boicoteado “Riau Riau”, como Joaquín Zabalza con su A San Fermín pedimos, o, por no prolongarme excesivamente, como Maxi Aramburu con su Aurora a San Fermín… Joaquín Madurga Oteiza queda ya y para siempre indisolublemente vinculado con Navarra, Pamplona, San Fermín, sus fiestas, su cultura y sus gentes.

Seguramente, este próximo 7 de julio, serán dos las jotas que se oigan en el cielo: la que se canta en la Calle Mayor, que hizo a San Fermín llorar y la Jota a San Fermín, que se cantará por cuadragésimo año consecutivo en la Plaza del Consejo. Descanse en Paz, Joaquín Madurga, quien tantas veces nos ha hecho y nos seguirá haciendo cantar y, así, orar dos veces.

About The Author

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *