
-Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.
– No comí -dije yo-; mas ¿por qué sospecháis eso?
Respondió el sagacísimo ciego:
-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.
Por esa pícara razón todos callan en los temas importantes. Igual que en el Lazarillo de Tormes salvo que en vez de uvas, en la actualidad debemos hablar de la digestión de millones de euros. Millones de euros que los políticos y su corte se comen no ya para saciar sus necesidades sino por la eterna gula visceral de la avaricia.
Lo del gasto en los nuevos Ayuntamientos del cambio, en los rancios de la casta, en las comunidades rampantes contra el estado, el nepotismo en lo público, las corruptelas de salón, la deuda, presiento que a los españoles ni fu ni fa. Y así no hay ni habrá manera. Lo debe saber hasta Rajoy, al que se le olvidó al hacer las cuentas y contentar a todos con aquello de “que de lo que no hay no se puede gastar”. Y la paradoja podría parecer una broma cruel e injusta respecto a los compromisos, la lealtad y el honor en esta endeudada España nuestra, de tradición picaresca, en la que ahora, me doy cuenta, la mayoría de los poderosos, y sus enchufados, han estado comiendo las uvas no de tres en tres, como el lazarillo, sino de cuatro en cuatro, pero los que vienen pretenden calmar su apetito, y de un golpe, con los racimos enteros.
¿Quién dijo ruina?
