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EDITORIAL: Medidas coercitivas

El independentismo catalán envalentonado por la inacción del gobierno español, continúa con su desafio. Ahora anuncia que el nuevo referéndum, ya vinculante para salirse de España, pudiera celebrarse en pocos meses. Poco le importa que las leyes españolas, que tanto aborrece, puedan estimar penas contra algunos de sus jerarcas, porque piensan que el proyecto es ya imparable.

Ante tal situación, el Gobierno de Mariano Rajoy, consciente de su inacción desde hace ya muchos meses, acaba de anunciar la adopción de medidas coercitivas contra el independentismo y su referéndum, anunciando que impedirá que pueda celebrarse dicho referéndum.

El gobierno parece no recordar que ya se celebró un referéndum en Cataluña, en el que salió un sí a la independencia, pese a la palabrería gubernamental. No quiere recordar tampoco que tiene una solución presente en la Constitución, el articulo 155, que prevé la suspensión de la autonomía, en aquellas regiones que no quieran acatar el mandato constitucional, y la detención de aquellas personas que encabecen la sedición.

Llegados a este punto, ¿se imagina alguien que el actual Gobierno de España va a enviar  a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a impedir que los colegios electorales, el día del referéndum, abran sus puertas?  La respuesta, vista la respuesta del gobierno al independentismo, sólo centrada en las decisiones de los jueces, no parece que vaya a ser positiva.

¿Por qué no se actúa con mano firme, sin ambages, ni postureos, con una negociación rotunda y sin cesiones de ningún tipo para no contribuir a dar alas a aquellos que quieren romper la unidad de España?.

 

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1 Comentario

  1. Antonio De la Torre Luque

    No sé si llegará o no, el Gobierno, a aplicar medidas coercitivas, es decir, la LEY, pero pienso que, en cualquier caso, se está tardando demasiado y dejando crecer el problema, lo que, sin duda, hará que la solución sea más traumática, si no imposible.
    Y se me ocurre un ejemplo sencillo que se entenderá fácilmente. Comparemos la Generalidad (o el Estado) con una familia que tiene un hijo travieso y, para que no se enfade y monte un número, se le van dando caprichos. El final, resumiendo mucho, es que hay que enviar al chico a un correccional cuando la situación es ya desesperada, si no se llega tarde y hay que visitarlo en la cárcel porque acabó delinquiendo. Pues eso ¿por qué pelear con un león insaciable cuando a un mosquito se le liquida con un spray?

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