Las declaraciones del portavoz del gobierno y ministro de educación, señor Méndez de Vigo, en el sentido de que en seis meses podría alcanzarse un nuevo pacto educativo entre las fuerzas políticas de este país, parece llevar a los españoles, otra vez, a una nueva ley educativa y ya van unas cuantas.
LOE, LOGSE, LOMCE… son las siglas de algunas de las leyes educativas que han imperado en España. Todas ellas se presumía que iban a ser la panacea del sistema educativo español. Un sistema que, a la luz de las estadísticas internacionales, no disfruta de una buena salud y que, ley tras ley educativa, sume a la educación de este país en un pozo cada vez más hondo, del que puede ya resultar muy difícil salir.
Y es que no basta con que al gobierno de turno haga una nueva ley que sustituya a la anterior. Lo que hace falta es que quienes hacen este tipo de leyes sepan lo que están haciendo. Las leyes educativas no se hacen en los despachos, sino se hacen conociendo la realidad de las aulas. Baste citar estos ejemplos, seguramente ilustrativos:
Hoy en día cualquier alumno que deja dos suspensos al final del curso escolar, puede promocionar al siguiente; si repite, al año siguiente, aunque suspenda todas las asignaturas “pasa de curso”.
Los alumnos que entran en cursos de necesidades especiales, hoy llamados PEMAR, cursan dos años y al tercero vuelven a entrar en la enseñanza reglada junto con el resto de sus compañeros, con las dificultades que eso conlleva.
Existen un buen número de asignaturas optativas que no se sabe bien qué enseñan a los alumno y, sin embargo, las asignaturas “de toda la vida”, han perdido horas lectivas en favor de las anteriores.
No es posible que haya 17 proyectos educativos diferentes como hay ahora en España, con uno solo sería suficiente.
La comunidad educativa, compuesta por padres, alumnos y profesores, no pide leyes rimbombantes, sino que pide que las realidades que se ven en el mundo de la educación de este país, tengan soluciones, puesto que no basta con decir que se van a proporcionar recursos y más recursos, palabra muy al gusto de la clase política, sino que solo haría falta que los recursos existentes se aplicaran con racionalidad y sentido común.
Pero esto los políticos no lo saben y poco les importa.

