
La denominación Comunidad Foral de Navarra existe como tal desde la creación del Estado de las Autonomías, nacido bajo la protección jurídica de la Constitución de 1978. Se crea esta denominación para significar la importancia normativa de la ley por excelencia navarra que es su Fuero General, heredero del pacto que los navarros firmaron a comienzos del siglo XVI para incorporarse al reino de Castilla. Es heredero también de la Ley Paccionada de 1841 y de los sucesivos amejoramientos que ha sufrido el Fuero Navarro.
La Constitución de 1978 deja bien clara la singularidad y la particularidad de Navarra frente a otras comunidades limítrofes como la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), por ejemplo. No obstante, deja “la puerta abierta” a una posible incorporación de Navarra a la CAV en la Disposición Transitoria Cuarta. Disposición, por cierto, que ha podido ser eliminada en numerosas ocasiones y que ningún gobierno de España ha querido eliminar de la Constitución.
Que ahora los herederos de la ilegalizada Batasuna, Bildu, quieran cambiar el estatus navarro, no puede significar otra cosa que querer facilitar que Navarra se incorpore a la CAV, y que, con ello, se cree ese concepto tan estrambótico que es Euskalherria.
“Navarra no se vende” es la frase que hace años era utilizada por los que se oponían a la anexión de Navarra a la CAV. Hoy parece que no hayan pasado los años, y que dicha frase pudiera volver a utilizarse ante los intentos del nacionalismo vasco por incorporar de una forma o de otra a Navarra a su proyecto de país.
Los partidos políticos navarros defensores de la identidad y singularidad navarra dentro de España, deben ser conscientes de que el nacionalismo vasco, ahora que ocupa el gobierno navarro, va a hacer todo lo posible por conseguir que Navarra se incorpore a la CAV. El llamado “buenísmo” político ya no es válido para defender una Navarra singular dentro de España.
No es cuestión de votar, por ejemplo, en asuntos como el del Convenio Económico, con los que no quieren a Navarra.
