
La primera sesión de la tercera investidura que va a elegir al presidente del gobierno, ha dejado para la posteridad varias curiosidades:
Un candidato, Rajoy, que se le ha visto abierto a cualquier opción que le permita seguir siendo presidente del gobierno, mucho más tiempo que el que le permitiría la cortesía parlamentaria: una oposición en la que Ciudadanos ya ha anunciado su voto positivo, con tal de que se le respeten sus 150 propuestas ya conocidas; un Podemos con su insistencia de llevar a la calle sus propuestas y un partido Socialista que hoy temía más a lo que podía provocar la aparición estelar de Pedro Sánchez, su anterior Secretario General.
Un Pedro Sánchez que, por cierto, ha saludado a buena parte de sus compañeros/enemigos de su partido y que, por momentos, pese al ninguneo de Rajoy, parecía ser la estrella invitada al espectáculo que han dado los señores diputados.
Propuestas, por otro lado, pocas y poco novedosas, salvo la “catarsis” que ha tenido que ser para el presidente del gobierno en funciones, aceptar el dialogo y el consenso como funcionamiento de la acción política. Acción política a la que no tenía acostumbrados a los ciudadanos de este país.
En suma, los primeros “fuegos de artificio” de una investidura, que espera, impacientemente, los resultados de la segunda votación, en la que si todo sigue como está, Rajoy volverá a ser nombrado presidente de un gobierno, que si nadie lo remedia, deberá acometer sustanciales reformas para mejorar la vida de sus habitantes

