El juez del caso Gurtel acaba de dejar al presidente del gobierno, señor Rajoy, fuera del banquillo, al considerar que su aportación a la resolución de dicha trama no parece imprescindible. Rajoy, por tanto, se libra de tener que acudir a declarar, cosa que no le ha ocurrido, por ejemplo, al quien fue una de sus “manos derecha”, señor Arenas.
Lo que no ha podido evitarse es que su partido, el PP, sea acusado en dicha trama, al considerarse que pudo haber obtenido varios cientos de miles de euros destinados a su financiación de manera ilícita.
En momentos tan delicados para la gobernabilidad de este país como los que toca vivir, que el partido que sustenta a un gobierno sea acusado de formar parte de una trama de corrupción, no parece que sea la mejor de las situaciones. No obstante, y curiosamente, este panorama que el partido de Rajoy no quería que se produjera, es, en estos momentos, una situación menos peligrosa. El partido que le podría dejar sin gobierno, el PSOE, se halla sumido en una grave crisis de identidad, que precisamente, por ello, pudiera asegurarle de nuevo al PP y al señor Rajoy, volver a tener las riendas de un nuevo gobierno. Salvo sorpresas de ultima hora, no parece que la corrupción vaya a pasar factura al partido del actual gobierno, aunque se halle en estos momentos “en funciones”.
Sería deseable, no obstante, que se asumieran las responsabilidades políticas y juridicas correspondientes, se esté o no en funciones, se esté o no en vía de la conformación de un gobierno o se esté o no en vía de unas terceras elecciones.
No parece muy ético, permitir que la culpa de dichas actuaciones recaiga en personas que, en estos momentos, por culpa de enfermedad, no pueden defenderse correctamente. Que se quiera echar la culpa de lo sucedido a un ex tesorero, el señor Lapuerta, que se halla ya mentalmente incapacitado, sin posibilidad de prestar declaración, no coloca al PP en una posición muy honorable.
