
A falta de la firma y el plebiscito de ratificación para el próximo 2 de octubre, Colombia ha llegado a un acuerdo final con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Organización terrorista marxista-leninista denominada guerrilla que marca su violencia en Colombia y frontera con Venezuela.
El acuerdo, que entregarán en el Parlamento, lo harán público en los medios de comunicación y redes sociales, detalla el acuerdo de PAZ con esta organización terrorista, FARC, que lleva actuando desde 1964 en narcotráfico, terrorismo con minas, secuestro y asesinatos… Algo que no puede quedar impune.
El acuerdo que incluye su disolución y entrega de armas. Un acuerdo que la propia organización públicamente está facilitando. ¿Incluirá colaboración con la justicia de los «guerrilleros» o cárcel para el delito de sangre y «narcotráfico»?
Un plebiscito ratificará el acuerdo, parece ser -según las primeras noticias (¡?)- que sin entrega política de poder y control. Quizá una vez esté disuelta y sin armas.
Las innumerables negociaciones han traído su disolución y entrega de armas. Algo que no ha ocurrido en España con ETA.
En el proceso de negociación de «paz» de ZP, ETA no ha entregado las armas, no se ha disuelto, está en política, desde la creación en 1978 de Herri Batasuna y con distintos nombres posteriores, hasta la actualidad. Y hoy está en las instituciones gobernando y manteniendo la estrategia y propaganda de ETA y sus presos.
Dos organizaciones distintas, muy distintas, las FARC, guerrilleros del narcotráfico dentro de un conflicto bélico, y ETA, organización terrorista matando con el tiro en la nuca y bombas, fuera de «conflicto» alguno. Pero tienen un denominador común: terrorismo, violencia y muerte.
