
Las presuntas «disculpas» pedidas por la Portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, por la protesta llevada a cabo, hace ya unos años, en la capilla de la Universidad Complutense, ante la acusación del ministerio fiscal y consiguiente petición de pena de cárcel, pudieran tener «cierto tufillo» animal, cual metáfora en la que se observa a un cocodrilo llorando por las penas cometidas, para, a continuación, morder y comerse a su victima.
Los que se hacen llamar políticos hoy distan mucho de los grandes políticos que, cual mártires, eran consecuentes con sus ideas y no abjuraban de ellas, aunque les fuera la vida en ello. Ahora, sin embargo, ya no existe esa casta, esa clase de político. Ahora, vale cualquiera. Como vale cualquier cosa, aunque sea inmoral, para conseguir un propósito. Si uno tiene que negar lo hecho, pues se niega con tal de salir indemne.
Las imágenes de una Rita Maestre estudiante, gritando «a pleno pulmón» consignas contra la Religión Católica y ocupando una Capilla, para humillar e ir contra lo sagrado, no dan lugar a la duda. Si no se pretendía atentar contra los sentimientos religiosos -como dice-, el ciudadano de a pie no puede imaginar entonces qué se haría si se pretendiera atentar contra ellos. También De hace 80 años se tienen imágenes de ello.
Está imputada, pero, condenada o no, esta actuación la incapacita para ostentar un cargo público. Ha atentado contra los sentimientos religiosos, la cultura de su ciudad, de su país y de las personas -sean o no votantes de Podemos-.
