
Las fiestas más juveniles conviven con el desfile más tradicional en el Carnaval de Binche, una localidad valona al sur de Bélgica que celebró este martes el día grande de las festividades carnavalescas que dan tanta fama al municipio, pese a la lluvia y el viento que azotan estos días el país.
Visitantes del resto del país, de la vecina Francia y de otros lugares del mundo, han llegado hasta Binche, una localidad cercana a Mons y a una hora de Bruselas, para asistir a una de las fiestas de carnaval más antiguas de toda Europa.
Pese al mal tiempo, muchos visitantes y vecinos de Binche salieron a la calle a presenciar en primera fila el tradicional desfile de «Mardi Gras», que un año más contó con los lanzamientos de naranjas por parte de los participantes, del mismo modo que se lanzan chucherías en las cabalgatas de Reyes Magos en España.
Reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2003, unas 100.000 personas visitan cada año el Carnaval de Binche, que tiene su apogeo en el «Mardi Gras» o martes de carnaval.
Se trata de una de las celebraciones más antiguas de Europa, cuyos orígenes no están claros y se remontan a una larga tradición oral, y que además de los tres días seguidos de celebraciones tiene varias fiestas durante las semanas anteriores.
El pueblo entero se convierte durante el día grande del carnaval en un punto de encuentro de jóvenes de varias nacionalidades con muchas ganas de divertirse, motivo por el cual muchos bares se convierten en discotecas improvisadas.
El Carnaval de Binche no se entendería sin la figura de los «Gilles», unos personajes enmascarados ataviados con sombreros y trajes tradicionales y llamativos que desfilan al son de tambores por las calles de Binche durante la época de carnaval, cuyo origen es anterior al siglo XVIII.

