La unidad «de verdad» que pide el presidente del gobierno de España, ante el terrorismo, en cualquier país del mundo se daría por sentada. Aquí, sin embargo, vemos como hay que apelar a ella. La envidia sana que manifestaba el ministro de asuntos exteriores español hacia Francia hace unos días, ya lo dejaba entrever.
El patriotismo y la unión francesa, ante ataques calificados como actos de guerra, contrastan con la carencia de ambos aspectos en la sociedad española. Triste es recordar aquellos días en los que después de las muertes de cientos de españoles, victimas de la barbarie terrorista en los trenes de Madrid, la sociedad se dividió en dos y provocó un cambio de gobierno que nadie pensaba que se iba a producir.
Hoy, en visperas de la formación de una gran coalición internacional que ataque a Estado Islámico y en vísperas, también, de unas elecciones generales decisivas para el futuro de España, sería deseable que los partidos politicos y la sociedad española afrontaran el presente con amplitud de miras fuera de nuestras fronteras y se centrara en conseguir la solución a sus problemas, más grandes de lo que se nos quiere hacer ver en estos momentos.

