Últimas noticias

El Ejército español recurre a la cocina como instrumento de paz

El Ejército español recurre a la cocina como instrumento de paz

Pocas cosas unen más que compartir vivencias y viandas ante una mesa. Así lo ha entendido el Ejército español, que utiliza la cocina como una herramienta para que su personal en misiones internacionales conviva con la población civil local.

Para ello se creó el Programa Sancho Panza, que está dando sus primeros y buenos resultados en la Operación Libre Hidalgo que desarrolla la ONU en el Líbano para asegurar la paz y la estabilidad en el sur del país, en la frontera con Israel, y en la que participa España.

Antes de incorporarse a esta misión en el relevo del pasado mayo, ocho voluntarios de la Brigada Acorazada Guadarrama XII, con sede en la base militar de El Goloso (Madrid), recibieron un curso teórico y práctica de cocina española y, una vez en el Líbano, han compartido sus conocimientos y platos con civiles, que a su vez les han mostrado la cocina libanesa.

Cocinando y comiendo juntos se han establecido lazos que no se habían logrado con otras iniciativas en estas misiones, de modo que el Ejército español repite la experiencia y ahora son once los voluntarios de la Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII, con sedes en Ronda (Málaga) y Viator (Almería), los que aprenden a cocinar para ponerlo en práctica a partir de mediados de noviembre.

Durante diez semanas siguen un curso de la Escuela de Estudios Superiores Abiertos de Hostelería (ESAH) para aprender sobre la gastronomía española, sus productos más destacados, las cocinas regionales y las tapas como una de sus expresiones más populares.

Después de la formación teórica trabajan 15 días en los restaurantes del Grupo Lezama, del sacerdote Luis de Lezama, que colabora con el Programa Sancho Panza. «Son más disciplinados que otros alumnos. No son cocineros, pero tienen claro que deben aprender y le ponen empeño», aseguraba hoy a Efe uno de sus profesores, Roberto Hierro, jefe de cocina del Café de Oriente.

Tras acabar el curso, estos once legionarios -seis hombres y cinco mujeres- son capaces de cocinar a la perfección recetas típicas como salmorejo, ensaladilla rusa, paella, pollo en pepitoria, arroz con conejo, rabo de toro, arroz con leche y filloas.

Se ha diseñado un recetario sencillo, que se pueda elaborar con productos libaneses y en el que los ingredientes prohibidos para los musulmanes, como el chorizo, se pueda sustituir por otros «halal», como en las migas con uvas y bacalao. «Buenísimas», asegura Hierro.

Dos veces por semana estos militares protagonizarán un «intercambio gastronómico» con civiles de Marjayoun y El-Khiam, al sur del país, cerca de la base española, explica a Efe la teniente Pilar Román, nacida en Melilla hace 27 años, en la Legión desde hace dos años y medio, y que afronta su primera misión internacional.

«Me apunté voluntaria al curso de cocina, sin tener ninguna formación previa, porque creo que es importante que no sólo mostremos el aspecto militar, que no nos vean como el enemigo, que podamos llegar a la población civil», añade.

Junto con sus compañeros cocinará dos veces por semana un menú típico español compuesto por primer plato, segundo y postre en dos institutos de formación profesional, compartiendo fogones con libaneses que prepararán hummus, ensalada fatush, tabulé o falafel. Después compartirán conversación y comida en torno a esas mesas de la paz.

A la teniente Román la animó conocer la experiencia positiva que le han transmitido sus compañeros del primer Programa Sancho Panza y se ha sorprendido, al trabajar en un restaurante, de que «en la cocina hay también jerarquía, como en el Ejército», por lo que la disciplina militar «ayuda bastante» a trabajar en los fogones.

El cabo Rubén Luque, cordobés de 29 años y con experiencia en Afganistán, sí había trabajado en hostelería antes de enrolarse en la Legión, y se siente «orgulloso» de utilizar la cocina para «establecer lazos con los libaneses». El idioma no es una barrera, ya que se comunican en inglés y, subraya a Efe, «nada mejor que sentarse a hablar ante una buena comida».

La ESAH se sumó al proyecto «de inmediato» porque les pareció «muy interesante, muy humanitario», refiere a Efe su directora de Marketing, Cristina Mesa, quien destaca que «han conseguido acercarse a la población, liberarse de prejuicios, porque la cocina une mucho».

About The Author

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *