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Una antología reúne gran parte de los textos sobre Navarra escritos por Julio Caro Baroja

Una antología reúne gran parte de los textos sobre Navarra escritos por Julio Caro Baroja
El consejero Sánchez de Muniáin y Matías Múgica en el acto de presentación. (Navarra.es).
El consejero Sánchez de Muniáin y Matías Múgica en el acto de presentación. (Navarra.es).

El Gobierno de Navarra ha editado y presentado esta mañana el libro ‘Con letra aguda y fina. Navarra en los textos de Julio Caro Baroja’, una compilación de Matías Múgica, que reúne una gran parte de las investigaciones sobre Navarra extraídas de diversas obras y artículos.

Esta edición es un homenaje al hombre que dedicó miles de páginas al estudio de nuestra Comunidad, con estudios que la iluminan desde una perspectiva histórica ­–que abordó desde la Antigüedad a la época contemporánea– pero también desde una visión etnográfica, lingüística, geográfica, demográfica… Como el humanista que fue, abarcó disciplinas muy distintas, desde una cierta pretensión de totalidad. En palabras de Múgica, “estamos ante uno de los últimos especímenes de sabio universal”.

La obra ha sido presentada por el consejero de Cultura, Turismo y Relaciones Institucionales, Juan Luis Sánchez de Muniáin, y por el autor de la antología, Matías Múgica, hoy jueves, 13 de noviembre, fecha en la que se conmemora el centenario de su nacimiento en Madrid, en 1914. Se han editado más de 700 ejemplares que se venderán al precio de 20 euros.

Contenido de la obra

El libro se abre con un prefacio del compilador y se despliega luego en cuatro grandes bloques: historia social y etnografía histórica; etnografía; lingüística; y geografía y poblamiento, pueblos, villas y ciudades de Navarra, que recogen ordenadamente el amplio abanico de sus inquietudes. Una intensa y variada labor emprendida con la ya aludida vocación de totalidad, pero desde la observación de lo concreto. (De acuerdo con Múgica, Caro Baroja abominaba de las generalidades, del ensayismo sin base empírica).

Escribió muchísimo sobre Navarra, lo que ha obligado a realizar una selección implacable, únicamente para limitar la extensión del volumen a dimensiones razonables. El grueso de los textos proceden de dos grandes obras en las que el propio Caro había recopilado ya buena parte del material sobre Navarra disperso en otras publicaciones: La casa en Navarra (1982) y Etnografía Histótica de Navarra (1971). A estas fuentes se han añadido muchos otros textos tomados de obras y trabajos diversos –El carnaval, El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Los Baroja. Biografía familiar, La hora Navarra del XVIII, Los pueblos del Norte, Los vascos, Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina, etc.,- así como artículos publicados en numerosas revistas científicas. Un material recopilado con la intención de no dejarse fuera nada verdaderamente importante, y cuyo resultado permite muy bien admirar la prolífica y minuciosa labor de Julio Caro y su capacidad para alumbrar tantos aspectos y tan diversos, con tal profusión de datos y tan exuberante fecundidad.

En definitiva, una antología que ofrece más de 700 páginas de la obra de Caro sobre Navarra, pese a haberse suprimido la mayor parte de las notas a pie de página, (a las que el autor destinaba muchas veces más espacio que al propio cuerpo del texto).

Mugica sostiene que si algo destaca en el amplio compendio, es la propia sorpresa y curiosidad de Julio Caro por esta tierra de contrastes, paradógica, dotada de una configuración a contrapelo que tanto asombro le despierta: “Para mí la existencia de Navarra es aún un problema científico y un enigma histórico desde varios puntos de vista (…) Porque no cabe duda de que hoy existe una provincia de Navarra, con unos naturales o vecinos que son los navarros, dentro de un estado que es España. Pero antes y durante mucho tiempo, Navarra en sí fue un estado, los navarros fueron considerados un grupo muy cognoscible en el Occidente de Europa, y aquel estado pequeño no tenía unidad de lengua, ni de lo que más o menos vagamente se llama cultura, ni de raza, ni siquiera tenía unidad de paisaje (…) unidad histórica, aunque limitada a ciertos hechos políticos y un largo devenir condicionado por determinadas situaciones, instituciones y leyes. Nada más y nada menos.”

Añade Múgica, que “si algo se aprende de la obra de don Julio es que es precisamente este tipo de nación la que ha sido Navarra durante siglos: una unión de dispares, unión “contra natura”, y por eso mismo todavía más admirable, porque revela la capacidad humana de liberarse de esa “natura”. Naturaleza, ya lo sabían los griegos, es servidumbre; sólo el nómos, la convención, es libertad.”

Biografía

Julio Caro Baroja (Madrid, 13 de noviembre 1914–Bera, Navarra, 18 de agosto de 1995) fue un antropólogo, historiador, lingüista, etnólogo y folklorista. Hijo del editor Rafael Caro Raggio y de Carmen Baroja, sobrino del novelista Pio Baroja y del pintor Ricardo Baroja, y hermano del documentalista, etnógrafo y escritor Pío Caro Baroja, fue discípulo de Telesforo Aranzadi, José Miguel de Barandiarán, Hermann Trimborn y Hugo Obermaier, quienes lo encaminaron a la historia y a la etnografía.

Se doctoró en Historia antigua por la Universidad de Madrid, donde ejerció brevemente como profesor.

Sus primeros trabajos tratan sobre temas etnográficos, y son escritos cuando tan sólo tenía 15 años. En sus primeros libros se expone una síntesis de la etnología en España y en particular de la del País Vasco: Los pueblos del norte de la península Ibérica (1943), Los pueblos de España (1946), Los vascos (1949). A partir de entonces, Caro Baroja empezó a hacerse con un nombre profesional como etnógrafo. En 1944 fue nombrado director del Museo del Pueblo Español, puesto que ocupó durante diez años.

A finales de los años 40 se abren para él nuevas expectativas profesionales y de investigación, fruto de la intensa relación de Caro Baroja con varios antropólogos extranjeros, entre los que encontró amistades entrañables como Julian Pitt-Rivers o George Foster. Con este último recorrió gran parte de España y pasó a trabajar una temporada en la Smithsonian Institution, con una beca de la Fundación Wenner Gren.

1953 marca la etapa africana de su investigación. Por encargo del coronel Díaz de Villegas, director general de Marruecos y Colonias, quien quería contar con un informe etnográfico sobre el Sahara Español, Caro Baroja pasó tres meses recorriendo aquella zona, donde tomó innumerables apuntes y dibujos. Su Estudios saharianos (1955), es quizás el libro más valioso acerca de este territorio africano bajo dominio español en aquella época.

A partir de 1956, fecha de la muerte de su tío Pío, Julio Caro Baroja inicia una etapa marcada por una relativa placidez en el terreno económico y familiar, así como por una sucesión de éxitos y reconocimientos en su carrera profesional. Desde 1975, su presencia se intensificó en el ámbito público, con cursos, conferencias y congresos. Su bibliografía se acrecentó de forma casi increíble, acercándose finalmente a los seiscientos títulos, más de cien de ellos monografías.

El propio Caro Baroja destaca entre su producción Las brujas y su mundo (1961) y Los Baroja (Memorias familiares), de 1972.

Julio Caro Baroja murió en la madrugada del 18 de agosto de 1995 en Itzea, en la casa donde estuvo a punto de nacer y donde predijo que le llegaría su última hora.

Entre sus obras destacan Los moriscos del reino de Granada (1957), Las brujas y su mundo (1961), su obra más conocida, Vidas mágicas e Inquisición (2 vols., 1967) y, sobre todo, Los judíos en la España moderna y contemporánea (3 vols., 1961–1962). Otros estudios sobre grupos o minorías oprimidas nos dan una visión de los gitanos, mendigos o bandidos del área mediterránea.

También fueron novedosos los titulados Ensayo sobre la literatura de cordel (1969), Las formas complejas de la vida religiosa (Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII) (1978), La aurora del pensamiento antropológico. La Antropología en los clásicos griegos y latinos (1983) y La cara, espejo del alma. Historia de la fisiognómica (1987).

Su obra alcanza unas setecientas entradas entre libros, artículos, prólogos y ensayos y ha sido considerado en España como el iniciador del llamado enfoque histórico-cultural.

Fue académico de número de la Real Academia de la Lengua Española, de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de la Lengua Vasca, y recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1983), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1984), el Premio Nacional de las Letras Españolas, el Premio Internacional Menéndez Pelayo (1989) y el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. (1989).

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