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Elecciones legislativas de Túnez

Elecciones legislativas de Túnez

 

Reuters
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Túnez ha abierto ya los colegios electorales para celebrar sus segundas elecciones parlamentarias desde la inmolación del joven Muhamad Buazizi en diciembre de 2010, cuyo acto de protesta desencadenó unas manifestaciones que acabaron con el régimen de Zine el Abidine ben Alí apenas un mes después

Estos comicios se prevén cruciales para el futuro democrático y la estabilidad del país.

Alrededor de 5,2 millones de personas podrán acudir a las urnas para elegir entre los cerca de 13.000 candidatos que se postulan a los 217 escaños de la Asamblea Nacional.

Estas elecciones están siendo vistas como un adelanto de las presidenciales que se celebrarán el 23 de noviembre, en las que los tunecinos podrán elegir, por primera vez, de forma directa al presidente del país.

Las parlamentarias vienen precedidas por un periodo de transición relativamente tranquilo (comparado con el presenciado en las ‘primaveras’ de otros países de la región).

Tras la caída de Ben Alí y su huida del país, se celebraron en octubre de 2011 las primeras elecciones democráticas y limpias desde la independencia de Túnez en 1957, unos comicios en los que se impuso el islamista Ennahda, que acordó crear un tripartito con otros dos partidos laicos: Ettekatol y el Congreso para la República (CPR).

Sin embargo, las tensiones entre los sectores laicos y los islamistas, largamente reprimidos por Habib Burguiba y Ben Alí, provocó el ascenso de algunos grupos radicales, lo que generó incidentes violentos, entre ellos el asalto a la Embajada estadounidense en septiembre de 2012.

La violencia se incrementó y llegó a su culmen a principios de 2013 con el asesinato de los políticos Chokri Belaid, líder del Movimiento Patriótico Democrático Unificado, fuerza marxista y panárabe que forma parte del Frente Popular, y del diputado opositor y antiguo secretario general del movimiento izquierdista Echaab, Mohamed Brahmi, lo que sumió al país en una crisis política.

Ante la insostenibilidad de la situación se estableció un Diálogo Nacional en el que participaron partidos políticos, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil, que supervisó la redacción y promulgación de la Constitución, que llegó con más de un año de retraso. En este diálogo, Ennahda aceptó abandonar el poder para permitir la creación de un Gobierno tecnócrata liderado por Mehdi Jomaa como primer ministro, quien ha supervisado el proceso de organización y convocatoria de las elecciones.

Este proceso, si bien ha contado con incidentes de seguridad en la zona del monte Chaambi, ubicada en la frontera con Argelia y donde operan varias células islamistas armadas, ha estado marcado por la estabilidad, manteniendo a Túnez como ejemplo del proceso de democratización en el mundo árabe.

Desde la ‘Revolución de los Jazmines’ contra Ben Alí, altos cargos de su régimen podrán presentarse en representación de varios partidos laicos, entre ellos Nidaa Tounes, encabezado por el expresidente del Parlamento Beyi Caid Essebsi, quien ha liderado la oposición contra Ennahda en los últimos meses.

Essebsi fue además uno de los primeros ministros de transición desde la caída de Ben Alí hasta la entrada de la formación islamista al poder poco después del regreso triunfal desde el exilio de su líder, Rachid Ghannouchi.

El partido ha hecho girar su discurso en torno a la oposición a los islamistas y, desde 2012, se ha convertido en el principal rival de Ennahda, atrayendo a una mezcla de liberales seculares y seguidores del antiguo régimen.

Esta formación figurando como la principal favorita en las elecciones parlamentarias y presidenciales, si bien a estas últimas no presentará candidato y respaldará a uno de consenso.

Junto a estas dos formaciones destaca el Frente Popular, una coalición de cerca de una decena de partidos que se unieron en 2013 como una alternativa socialista y anti-islamista tras los asesinatos de Belaid y Brahmi, miembros ambos de partidos que conforman la coalición.

Al margen de esta alternativa socialista, figuran varios partidos de menor importancia como el Ettekatol y el CPR, entre los que hay que destacar al Al Joumhuri y Afek Tounes.

De cara a las presidenciales, y a excepción de Essebsi, los restantes 26 candidatos pertenecen a estos últimos partidos o se presentan como independientes.

Pese a ello, la prohibición de la realización y publicación de sondeos electorales provoca que no haya una previsión aproximada acerca de los resultados, si bien tanto Ennahda como Nidaa Tounes figuran entre los favoritos.

Respecto a los puntos en torno a los que ha girado el debate político, y al margen de la lucha entre islamistas y laicos, se puede decir que el mismo ha pivotado entre la economía y la seguridad.

En el caso de la economía, la situación no ha mejorado mucho respecto a la vivida antes de la caída de Ben Alí, marcada por el desempleo, la desigualdad y la dificultad para acceder al mercado laboral debido a los nombramientos directos.

El  desempleo supera el 15 % a nivel nacional, si bien se dispara por encima del 30 % en el caso de los graduados universitarios. Además, la inversión extranjera ha caído en un 26 % respecto al año anterior, dañando una situación frágil de por sí.

La seguridad, si bien es mejor que en otros países de la región que se vieron afectados por la llamada ‘Primavera Árabe’, como Libia y Egipto, tiene su raíz también en la lucha armada de diversos grupos islamistas.

En este sentido, el surgimiento y fortalecimiento de Ansar al Sharia, vinculada a la organización terrorista Al Qaeda, y la ejecución de atentados contra las fuerzas de seguridad en la frontera con Argelia se han convertido en una preocupación nacional.

La muerte de catorce soldados en un atentado ejecutado en el monte Chaambi en julio de este año ha llevado al inicio de una operación militar a gran escala para hacer frente a la situación, de la que se deriva además el viaje de tunecinos a Libia y Siria para combatir del lado de grupos islamistas presentes en dichos países.

Las autoridades tunecinas calculan que cerca de 2.500 ciudadanos han viajado a Siria para unirse a formaciones yihadistas, y varios grupos islamistas radicales locales han jurado lealtad recientemente al grupo terrorista Estado Islámico.

Así pues, Túnez ha sido puesto como ejemplo de los proceso de democratización en la región y es considerado la esperanza de éxito en la misma.

La importancia es tal que el propio presidente interino, Moncef Marzuki, llegó a criticar en agosto a Estados Unidos por no apoyar suficientemente en la lucha antiterrorista, advirtiendo de que “si Túnez fracasa, se puede decir adiós a la democracia en el mundo árabe durante otro siglo”.

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