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El brote de ébola más letal de la historia

El brote de ébola más letal de la historia

Ébola

La reacción tardía de las autoridades y los desplazamientos facilitan la propagación, que ha pasado de Guinea a otros tres países.

El brote surgido en Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona ya es el más letal de la historia y casi duplica el número de víctimas del segundo, que tuvo lugar en Zaire – actual República del Congo – en 1976 provocando la muerte de 280 personas

 

Mabalo Lokela. Su nombre ya se encuentra perdido en la historia. El 26 de agosto de 1976, este profesor de escuela de 44 años residente en Yambuku, Zaire (actual República Democrática del Congo), se convertía en el primer caso de Ébola registrado en los libros de medicina modernos. La epidemia provocó entonces 280 muertos, con 318 infectados solo en esta localidad.

La nueva epidemia de ébola que mantiene en jaque a la Organización Mundial de la Salud se ha cobrado ya 467 víctimas mortales desde el inicio del brote en abril de este año y se ha extendido a tres países, Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona, todos ellos en la costa occidental africana, lo que ya supone una novedad para un virus que hasta ahora había aparecido siempre en la zona central del continente. Otra diferencia en cuanto a su expansión geográfica es que está afectando a los núcleos urbanos, entre ellas a la ciudad de Conakry, capital de Guinea y con una población de 2 millones de habitantes, un escenario poco habitual para un virus que se suele presentar en lugares remotos y en brotes pequeños. “En 2005 ya apareció un brote de Marburg en Luanda, la capital de Angola, aunque fue un caso muy limitado. En Conakry ya ha afectado a distintos barrios y ha resultado más mortífero, lo que es, en efecto, bastante novedoso. El hecho de que se dé en una ciudad tiene un aspecto positivo y otro negativo. Positivo porque las ciudades tienen ya infraestructuras sanitarias y una importante concentración de médicos y enfermeros. Además, la información se difunde con más facilidad a través de la radio y la televisión. Sin embargo, es negativo por la densidad de población y el mayor contacto entre seres humanos, lo que favorece el contagio”, explica el doctor Luis Encinas, miembro de Médicos sin Fronteras y una de las personas que ha estado presente en Guinea al inicio del brote, el sexto caso de ébola en el que participaba.

De momento no hay ninguna teoría que explique cómo ha viajado el virus más de 4.000 kilómetros desde sus focos tradicionales hasta la costa occidental de África porque sus portadores habituales, animales como monos, antílopes o murciélagos, no realizan movimientos migratorios tan considerables. Hay muchas hipótesis e incluso cierto misterio en torno a estas posibles teorías pero de momento, ninguna confirmación científica aunque hay diversos grupos trabajando en el rastreo de los focos de origen. El caso actual es además el más letal de la historia y está cerca de duplicar el número de muertos del que era el brote más mortífero, el detectado en la República del Congo en 1976, que fue además el primero de la historia, con 280 muertos y una tasa de letalidad del 88%. Por el momento ya han muerto 467 personas de un total de 759 infectados, por lo que la tasa de letalidad actual se sitúa en torno al 60%, aunque la cepa actual, Évola del Zaire (EBOV) es la misma que actuó entonces.

Alto riesgo de contagio

Según la OMS, el ébola se introduce en la población humana por contacto estrecho con los órganos, la sangre o las secreciones corporales de los animales infectados, que pueden ser chimpancés, gorilas, monos, antílopes, puercoespines, cerdos y otros herbívoros, además de murciélagos frugívoros, que son según las últimas investigaciones, el reservorio natural del virus, esto es, el huésped en el que se aloja sin causar letalidad. Una vez llega al ser humano, la infección se puede transmitir igualmente por el mero contacto táctil con las secreciones del enfermo, incluso el sudor, lo que en el continente africano es habitual a diario. “Esta es la perversidad de la enfermedad, que tiene un circuito muy vicioso de contagio. La piel humana puede tener microtraumatismos que pueden ser una puerta de entrada. Lógicamente, cuanto más abierta esté esta puerta de entrada, más riesgo de contagio y lo mismo vale para las secreciones que presente el paciente – vómitos, hemorragias… –“, explica Luis Encinas.

Los aparatosos trajes – como de cosmonauta – que en ocasiones se ven en las películas, con protección para todo el cuerpo y gafas para cubrir los ojos sólo se usan en casos muy extremos, con pacientes enfermos confirmados y unos síntomas clínicos altamente presentes. “En estos casos se debe proteger a los médicos y los enfermeros porque la cadena de contagios es muy fácilmente detectable en la historia del ébola a través de los hospitales y el personal médico. Es lo que se llama la infección nosocomial cruzada”, advierte el médico.

El virus no se contagia durante el tiempo de incubación, que puede durar entre 2 y 21 días, pero sí durante la primera fase, que se presenta como una gripe común y también durante la segunda, en la que ya aparecen las hemorragias. Incluso puede permanecer en el semen de un paciente curado hasta dos meses después de su recuperación clínica.

Al inicio del brote, la agresividad y la mortalidad son más importantes mientras que, a medida que se propaga, el virus parece debilitarse. Esta puede ser la razón por la que, aunque la tasa de mortalidad es elevada, no lo es tanto el número de muertos. Hasta la aparición de este caso, el brote más letal no llegaba a los 300 muertos mientras que la malaria deja más de medio millón de muertos al año en África.

La diferencia con otras epidemias no está tanto en la mortalidad en términos absolutos como en la mortalidad relativa, que en el caso del ébola puede llegar al 90%, mientras que en la fiebre amarilla no llega al 15%, en el caso del cólera es del 4% y en la malaria es inferior al 1% siempre que se detecte y se trate a tiempo, lo que en el caso del ébola apenas afecta a su letalidad, puesto que no existe vacuna ni tratamiento conocidos. “El ébola rompe el circuito de control de hemorragias. Es como si el paciente estuviera con un nivel de plaquetas tan bajo que el menor golpe puede provocarle una enorme hemorragia. Al final, el paciente tiene un fallo multiorgánico, sus órganos se colapsan y esto le causa la muerte”, explica Encinas.

La muerte, además, es fulminante y puede tardar entre cinco y 12 días desde que aparecen los primeros síntomas. “Si el paciente aguanta dos semanas suele sobrevivir. Aunque no haya cura para el ébola, el paciente debe recibir atención médica durante este tiempo porque está expuesto a numerosas dolencias paralelas que pueden causarle la muerte. Además, también pueden tratarse los síntomas de la enfermedad, la fiebre, la diarrea, los dolores…”, asegura.

Los síntomas del ébola son la aparición súbita de fiebre, debilidad intensa, dolores musculares, de cabeza y de garganta, vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática, hemorragias… Además, los resultados de laboratorio muestran una disminución del número de leucocitos y plaquetas, así como una elevación de las enzimas hepáticas. “Lo que más impacta de los enfermos es la velocidad del ataque, cada dos horas hay un deterioro del estado general del paciente muy agudo. Se nota muy rápido la evolución del paciente, si va a mejor o a peor. Su fragilidad y su debilidad le envuelven en una especie de dolor silencioso”, comenta. 

Una de las características que Luis Encinas ve que diferencia al ébola de otras enfermedades es la peculiaridad en la estrategia de concienciación y sensibilización con la comunidad. “Cuando vas a lugares remotos te encuentras con muchas creencias y tradiciones arraigadas y el ébola toca la sangre, que en ciertas culturas tiene un valor y una fuerza espiritual muy importantes. El hecho de que esté combinado con un contagio fácil y muy simple también complica. El ser humano siempre intenta encontrar una razón y en ocasiones, los contagios se vinculan a razones como una mala vida o una presencia espiritual mala. Esto hace que tratar el ébola sea algo multifactorial, no sólo es una cosa de la medicina, sino también social, religioso, político, de sensibilización, de percepción… Por eso el ébola es muy diferente de una malaria porque hace siglos que saben que mata y que viene de un mosquito”, relata Luis Encinas, que considera que otro de los puntos que diferencian al ébola es la ‘sobremediatización’. “Cuando aparece el ébola los medios siempre se interesan y esto no tiene nada de malo, pero sí puede esconder o ahogar otras realidades de enfermedades que matan y que pueden estar más olvidadas”, concluye

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