Los regimenes totalitarios tenían entre sus objetivos, transformar, modelar y dirigir a la sociedad en la que vivían. Una de las maneras más efectivas era la reeducación de su población para, llegado el momento, hacer que ésta no se opusiera a sus dictados. La reeducación comenzaba desde la más tierna infancia, cuando se imponía una sola manera de expresar los pensamientos individuales. Para ello, se empezaba con la lengua hablada, imponiéndose una sóla y relegando al resto.
Estos tiempos pasados se creían olvidados, desaparecidos. Sin embargo, hoy, asistimos en algunos momentos ha hechos que nos quieren recordar tiempos pasados. Cuando de forma unilateral, se decide modificar la forma de expresión, de utilización de un lenguaje, mediante la sustitución de dicho lenguaje, por otras formas de expresión y de utilización, en este caso, en unos niños, nos encontramos ante un autentico ejercicio de reeducación lingüística.
Los totalitarismos, hoy, quieren imponer su forma particular de ver el mundo. Ahora que parecen que ostentan las llaves del poder, quieren reeducar a aquellos, que, en un futuro, dirigirán al mundo.
En estos momentos de incertidumbre, es la sociedad la que tiene el poder sin “mirar para otro lado» y reaccionando e impidiendo este tipo de actuaciones. No vaya a ocurrir que para cuando quisiera darse cuenta, sea ya tarde.

