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Artemis II abre una nueva era en las comunicaciones espaciales y sitúa la ciberseguridad en el centro de la misión

Artemis II abre una nueva era en las comunicaciones espaciales y sitúa la ciberseguridad en el centro de la misión

NAVARRA INFORMACIÓN

Artemis II abre una nueva era en las comunicaciones espaciales y sitúa la ciberseguridad en el centro de la misión

Con velocidades de entre 100 y 260 Mbps desde la Luna, Artemis II abre una nueva etapa en las comunicaciones espaciales y prepara el terreno para futuras operaciones entre la Tierra, la Luna y Marte

La misión Artemis II representa mucho más que el regreso de los viajes tripulados a la Luna. También marca un salto en el diseño de las comunicaciones espaciales gracias al sistema 020, una tecnología por láser capaz de transmitir datos con una capacidad muy superior a la de las misiones Apolo.

Este sistema permite enviar y recibir información con anchos de banda de entre 100 y 260 Mbps desde la Luna, e incluso decenas de Mbps desde distancias comparables a Marte, frente a los pocos Kbps con los que operaban las misiones del programa Apolo. Para José María Fachado, director de ciberseguridad de i3e, este avance “abre la puerta a una nueva generación de comunicaciones espaciales, más robustas, con mayor capacidad y preparadas para sostener futuras misiones de larga distancia”.

La Luna, futura base de operaciones

El programa Artemis va más allá de repetir la llegada al satélite terrestre. Su objetivo es sentar las bases de una presencia más regular en la Luna y convertirla en plataforma de apoyo para futuras misiones a Marte, aprovechando recursos como el agua en forma de hielo y otros materiales estratégicos para sostener nuevas fases de la exploración espacial. En ese contexto, el sistema 020 no está llamado a sustituir a la radio, pero sí a convertirse en una herramienta complementaria clave dentro de la nueva arquitectura de comunicaciones espaciales. “La radio ya no basta por sí sola: el futuro pasa por sistemas híbridos capaces de sostener comunicaciones interplanetarias”, apunta Fachado.

Su funcionamiento, sin embargo, exige visión directa y un apuntamiento de gran precisión. Al operar con haces de luz extremadamente estrechos, este tipo de comunicación puede verse afectado por las condiciones atmosféricas cuando la señal se dirige a telescopios en tierra. Por ello, los satélites relé serán fundamentales para garantizar la continuidad del enlace, actuando como repetidores capaces de concentrar el tráfico entre distintas naves o bases.

Pero este salto tecnológico también abre un frente crítico: la seguridad. De estas conexiones dependen la telemetría de las naves, la corrección de rumbo y posicionamiento, los datos médicos de la tripulación y la recepción de instrucciones operativas. Por eso, Fachado advierte de que “el nuevo reto no es solo comunicar más, sino comunicar de forma segura en el espacio profundo”. En su opinión, esa protección debe abordarse como un elemento estructural de la misión, mediante compresión, cifrado y arquitecturas como DTN, diseñadas para entornos marcados por la latencia, la interrupción y la distancia.

“La Luna será el banco de pruebas de la ciberseguridad espacial”, resume el experto. Todo lo que se ensaye ahora será determinante para futuras misiones a Marte, donde la distancia y la complejidad operativa obligarán a escalar aún más los sistemas. “Estamos construyendo la primera infraestructura de comunicaciones seguras más allá de la Tierra”, concluye.

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