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2ª Javierada 2026: La lluvia y el frío no frenan la fe de miles de peregrinos que acuden a Javier desde diferentes partes de la geografía navarra, así como de otras partes de España
El Arzobispo de Pamplona concluye las Javieradas de este año con su homilía en la explanada del Castillo de Javier invitando a los peregrinos a no tener miedo a abrir las puertas a Cristo
La lluvia y el frío no frenan a miles de peregrinos que acuden a Javier desde diferentes partes de la geografía navarra, así como de otras partes de España combinando un año más tradición, esfuerzo, cultura y espiritualidad en su encuentro con San Francisco de Javier.
En grupos parroquiales, en familia, con amigos o de forma individual, los peregrinos realizaron los kilómetros que separaban sus localidades hasta Javier. Muchos salieron el viernes, pernoctando en localidades cercanas. Y otros muchos fueron recibidos el sábado por la tarde con la celebración de la ya tradicional Misa de acogida de peregrinos, en la explanada del Castillo, con la presencia de unos 15.000 peregrinos.
Como es tradición en la Javierada, la peregrinación culminó con el rezo del Vía Crucis que partió a las tres de la tarde desde Sangüesa en dirección al Castillo de Javier. Miles de peregrinos participaron en esta oración que recorre los aproximadamente ocho kilómetros que separan ambas localidades, meditando las estaciones de la pasión de Cristo mientras avanzaban hacia la meta de la peregrinación, que concluía en la explanada del Castillo de Javier, con la celebración de la Santa Misa.
A las cinco de la tarde dio comienzo la Misa de la segunda Javierada. A pesar del frío, la lluvia paró durante toda la celebración, comenzando de nuevo al terminar la Eurcaristía. La amplia plaza se encontraba repleta de fieles que siguieron la celebración con atención, muchos de ellos aún con las mochilas al hombro y la ropa mojada tras la caminata.
«No tengáis miedo»
La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo don Florencio Roselló, quien concelebró junto al obispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano, el obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo, el rector del Santuario de Javier, el P. Vicente Marcuello, y numerosos sacerdotes diocesanos y religiosos presentes en la peregrinación.
La celebración contó también con la animación del delegado diocesano de Misiones y director de las Javieradas, Óscar Azcona, que guio los cantos y oraciones de la liturgia, favoreciendo la participación activa de los peregrinos. Su intervención ayudó a crear un ambiente de comunión y oración compartida, característico de este encuentro anual.
Durante la homilía, el Arzobispo invitó a los peregrinos a no tener miedo a abrir las puertas a Cristo. “Vuestra peregrinación, vuestra venida a Javier, no ha sido solamente una experiencia personal o de grupo. También ha sido un testimonio público” y añadió que “la Iglesia necesita vuestra fuerza, vuestra determinación, porque a veces tengo la sensación de que los cristianos nos escondemos, que nos da vergüenza mostrarnos como somos, que tenemos complejo de manifestar nuestra fe. ¡No tengáis miedo!” El prelado destacó el valor de haber acudido a la cita a pesar de las dificultades meteorológicas afirmando “Hoy me siento orgulloso de esta Diócesis” y animó a los jóvenes a preguntarse qué quiere Dios de ellos, porque Javier es camino para el sacerdocio y la vida consagrada.
Antes de terminar la celebración, don Florencio agradeció a quienes hacen posible las Javieradas, se asombró de la cantidad de asistentes a la Misa, señalando que se contaba con 10.000 formas y no llegó para dar de comulgar a todos. Y ante el entusiasmo de los peregrinos señaló que “habrá que poner, como en los sanfermines, una cuenta atrás para la siguiente Javierada”. “Ha sido una gozada, cuidemos el viaje de vuelta porque me gustaría volver a recibiros a todos el año que viene. Y sobre todo ¡No tengamos miedo!”
La celebración ha concluido, como es tradición, entonando el himno a San Francisco Javier, “En el eco de tus montes”, con vivan al santo y el replique de las campanas.
Más allá de las cifras de asistencia, la segunda Javierada volvió a ser una experiencia de fe compartida. Durante la jornada pudieron verse grupos de amigos caminando juntos, familias completas, jóvenes que participaban por primera vez y peregrinos veteranos que repiten la experiencia año tras año. Muchos coincidían en señalar que el esfuerzo del camino y la ilusión de llegar a la cuna de nuestro santo universal, San Francisco de Javier, forman parte esencial de la vivencia de la Javierada.
También numerosos voluntarios colaboraron en la organización, atendiendo a los peregrinos en distintos puntos del recorrido y en la zona del santuario. Su trabajo resultó fundamental para facilitar el desarrollo de la jornada y atender las necesidades de quienes llegaban tras largas horas de caminata. Un trabajo que reconoció don Florencio Roselló al término de la celebración.













