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¿Comprar de segunda mano… o caer en una nueva adicción?

En España, más de 15 millones de personas utilizan aplicaciones como Wallapop, Vinted, Milanuncios o Facebook Marketplace. Lo que nació como una opción sostenible y económica se está convirtiendo, para muchos, en un hábito incontrolable.

La accesibilidad permanente, el catálogo infinito y los estímulos constantes de estas plataformas favorecen conductas de compra compulsiva que ya muestran rasgos de adicción silenciosa. La búsqueda de gangas, la necesidad de revisar notificaciones a cada momento y la satisfacción inmediata de cerrar una compra crean un ciclo difícil de romper.

Lo que comenzó como una práctica socialmente aceptada, hoy abre un debate: ¿en qué momento la sostenibilidad se transforma en una trampa de consumo que pone en riesgo el bienestar emocional y económico de los usuarios?

La adicción que no ves: ¿estás enganchado a las apps de segunda mano?

Expertos advierten que este comportamiento puede generar ansiedad, gasto compulsivo y acumulación innecesaria de objetos. “Las plataformas de segunda mano no son un problema en sí mismas, pero reproducen dinámicas muy similares a otras adicciones comportamentales: estímulos constantes, sensación de recompensa inmediata y refuerzo del hábito que puede derivar en pérdida de control”, explica José Manuel Zaldúa, psicólogo y socio fundador de Esvidas.

La ciencia demuestra que las compras compulsivas activan circuitos de recompensa en el cerebro, generando placer que se busca repetir. Dinámicas como actualizaciones constantes, mensajes de “última oportunidad” o bajadas de precio refuerzan este impulso. Según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, en 2022 el 3,4 % de las admisiones por adicciones comportamentales fueron por compras, y el 9,3 % por trastornos relacionados con internet y redes sociales.

Aunque aún no existe una categoría clínica específica, los expertos señalan similitudes con otras adicciones digitales. Ana Isabel Estévez, doctora en Psicología, comenta: “Se perciben muchos criterios que asemejan la compra compulsiva a la ludopatía. Por ahora hablamos de ‘compra compulsiva’ y ‘uso inadecuado’ de Internet y redes sociales”.

En España confluyen factores que potencian este fenómeno: cultura de “gangas”, contexto económico que justifica la sobrecompra, normalización social del uso diario y falta de regulación sobre diseño adictivo en plataformas digitales. Blanca Macarro, trabajadora social de Esvidas, advierte: “Cuando la búsqueda de gangas se convierte en un fin en sí mismo y desplaza otras áreas importantes de la vida, hablamos de un fenómeno que requiere prevención y educación social.

Para frenar esta dependencia silenciosa, los profesionales proponen:

  1. Educación digital y consumo consciente para reconocer mecanismos adictivos y establecer hábitos saludables.
  2. Apoyo profesional en casos de conducta compulsiva que afecte la vida diaria.
  3. Políticas públicas y regulación para limitar notificaciones y dinámicas de “última oportunidad”.
  4. Alternativas de ocio y socialización que aporten recompensa fuera del consumo.

La adicción a las plataformas de segunda mano aún no ocupa titulares, pero su impacto social crece. Visibilizar este fenómeno es clave: la línea entre consumo responsable y dependencia es más fina de lo que parece

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