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11 de octubre: San Juan XXIII, el Papa bueno

11 de octubre día en el que la Iglesia celebra la fesividad de San Juan XXIII, el Papa bueno, Felipe Diácono, y San Alejandro Sauli Obispo de Pavia

El pontificado de Juan XXIII no duró ni cinco años, pero sigue siendo inolvidable. Después de una larga experiencia diplomática y luego de haber pasado por dos guerras, en 1959 el «Papa bueno» convocó el Concilio Vaticano II para dar respuestas a los desafíos de la actualidad. Es santo desde 2014.

El cuarto de 13 hijos, Ángel José Roncalli nació en Sotto il Monte, Bérgamo, el 25 de noviembre de 1881. Cuando era Cardenal visitó España, Javier (villa del San Francisco de Javier) en Navarra, con el fin de recabar información sobre su apellido Roncalli, ya que en Navarra se encuentra el Valle del Roncal y la localidad que lleva su nombre. Para ello, residió en los Padres Jesuitas de Javier. Saludó a algún vecino de la villa, en concreto a Clara Ciprés Esparza propietaria de una tienda de Souvenirs.

En 1892 entró en el Seminario de Bérgamo y en 1896 fue admitido en la Orden Franciscana Seglar. De 1901 a 1905 fue estudiante en el Pontificio Seminario Romano, y el 1° de agosto de 1904 fue ordenado sacerdote. Inmediatamente nombrado como secretario de su obispo Santiago María Radini Tedeschi, Roncalli regresó a «su» Bérgamo.

Creado cardenal en 1953 fue llamado a Italia. Se convirtió en Patriarca en Venecia. Pensaba dedicar los últimos años de su vida al ministerio directo de la cura de almas en la capital veneciana, pero a la muerte de Pío XII fue elegido Papa, el 28 de octubre de 1958. Eligió el nombre de Juan XXIII.

Felipe diácono es uno de los «siete hombres de buena reputación» elegidos como diáconos, (cf. Hch 6,3). Es el primer misionero que llevó el Evangelio a Samaria, (Hch 8,5-8), luego el Espíritu Santo lo llevó a Gaza, (Hch 8,26-28). Fue el jefe de la comunidad de Cesarea, donde acogió a s. Pablo. (Hch 21,8).

Alejandro Sauli se hizo Barnabita a sólo 17 años y pronto fue nombrado Superior General. De confesor de s. Carlos Borromeo, en 1567, llegó a ser obispo de Aleria, en Córcega, donde se ocupó de todo, incluso de alimentar a los pobres fieles. Murió como obispo de Pavía, y fue canonizado en 1904 por Pío X.

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