Estamos más que convencidos que el lenguaje, esa combinación de sonidos, capaces de agrupar «la comunidad» en una misma empresa (Atapuerca) de caza, de descubrimiento de nuevos materiales, alimentos, etc. hace posible esa revolución evolutiva humana. La cual a su vez desarrolla al máximo la capacidad cognitiva, de nuestro cerebro, alejándonos sobremanera de nuestros antepasados animales. Sin la aparición del lenguaje, nuestro progreso hubiese seguido estancado como así ha sido el de otras muchas especies. El proceso de la comunicación nos permite intercambiar ideas, posibilidades, agrupaciones, soluciones, que dan lugar a un complejo sistema social humano que es el que, actualmente mantenemos, desgraciadamente no en todos los campos ni en todos los grupos humanos. Toda estructura social, depende del lenguaje. Sin él la vida carecería por completo de sentido humano
Estamos tan acostumbrados al lenguaje, que llegamos a pensar con palabras. Llegamos a pronunciarlas, incluso cuando caminamos por nuestras calles «hablamos solos». Hemos aprendido un lenguaje con el que nos expresamos y pensamos de tal forma con él y en él, que otra lengua aprendida, traduce constantemente nuestro pensamiento con el esquema «nuestro materno». Sin embargo, hemos evolucionado tanto que somos capaces de utilizar el lenguaje sin decir nada, decir mucho con poco lenguaje, utilizar equívocos que hieren, falsear la realidad, y utilizarlo para mentir. De todo este complejo sistema nacen estructuras políticas, comportamientos religiosos, económicos, comportamientos patológicos. («Llego a decir lo que no siento, llego a sentir lo que no digo y digo y siento lo que ni digo, ni siento»)…
¡Esto es en resumen un diálogo de besugos, que lo pongo en inglés (“sea bream”), porque no sé cómo lo dirán los rusos! Pero seguimos en la prehistoria una vez más y dándonos perfecta cuenta que no puede existir el diálogo entre un demócrata y un dictador, porque para que el lenguaje produzca un beneficio terapéutico, ha de haber dos elementos principales en el diálogo: Las leyes del lenguaje de la comunicación consisten básicamente en la transmisión de un mensaje de un emisor a un receptor. Por lo tanto, los principales elementos que intervienen en el proceso de comunicación son: emisor, receptor, mensaje, canal y contexto. En la reunión en Bielorrusia, no se han cumplido ninguna de las leyes que sustentan una buena comunicación. “¡Todo palabras vacías de contenido, preñadas de mentiras y putrefactas de megalomanía!” No ha existido el diálogo, sólo un emisor, ningún receptor; sí un mensaje sin canal de comunicación.
¡Nunca hemos estado tan desarrollados y, tan incomunicados a la vez! Más comodidad de recibir y enviar mensajes y más soledad en el ámbito de la deshumanización, seguimos comunicándonos a base de golpes, bombas, metales, acorazados y desconexiones intrapersonales. ¿Dónde está el diálogo? No puede haberlo si no hay emisor y receptor… De otra manera se establece una monólogo, que se distorsiona de tal manera que cada uno habla y percibe lo que quiere y al final el resultado es aquella “historieta que todos conocemos del eclipse de sol, donde “El coronel transmite un mensaje al oficial de guardia y éste a su vez al oficial siguiente, hasta que acaba el sargento diciendo tal barbaridad, que nos da ejemplo de cómo distorsionamos el mensaje”: Diálogo de besugos.
En el fondo, cuesta aceptar la impotencia de la conducta humana – por mucho que hayamos evolucionado – a la hora de expresarnos y llegar a acuerdos o simplemente lo difícil que resulta decir sí, si lo que quiero decir es no. En este caso, que nos ocupa; un tupido velo de sangre de gente inocente correrá sin que nadie lo remedie, para tapar nuestra incompetencia e insolidaridad a nivel internacional, justificando así el egoísmo patológico de un dirigente sin escrúpulos, con una autoestima tan alta, que le lleva a sesgar, alterar y filtrar la realidad distorsionada, estando a su vez satisfecho con su forma de ser y obrar: Trastorno de la Personalidad.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

