
Madrid, única Comunidad Autónoma que no había hecho obligatorio el uso de la mascarilla, ha tenido que claudicar y estipularlo normativamente.
Y es que el coronavirus sigue avanzando.
El aeropuerto de Madrid es un coladero. Los botellones otro. Las reuniones familiares otro y los viajes de unos lugares a otros también.
Este país vive una gigantesca contradicción; protegerse del virus o que la economía no de hunda más de lo que está —basta los datos de empleo, en estos momentos—.
Se siguen cometiendo errores. Cuenta más el interés partidista que el del ciudadano. Un ejemplo, ¿A qué viene ahora que, por ejemplo, el gobierno siga subvencionado a las televisiones, en lugar de gastar en lo que tiene que gastar? ¿Para tenerlas controladas?
¿A qué viene ahora que el gobierno navarro gaste y gaste en subvencionar un idioma minoritarísimo, aquí en Navarra, en lugar de dedicarlo a cosas más necesarias?
Un desastre de gestión, de unos y de otros.
Los ciudadanos como siempre los que pagamos.
