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La banca batalla por la rentabilidad en medio de los avisos del supervisor

La banca española busca cómo ganar rentabilidad en un entorno de tipos de interés en cero, con un crecimiento desacelerado y en medio de avisos de los supervisores sobre el impacto en sus costes de los litigios a los que deben hacer frente a futuro, la escasez de capital y la política de dividendo

La crisis de algunos países emergentes en los que está presente la banca española, la competencia que viene de los gigantes de internet -con una regulación más laxa-, la reducción de oficinas y personal y la mejora de la reputación son retos a los que debe hacer frente el sector.

Esta semana el Banco de España lanzó dos avisos: por un lado, alertó en su último Informe de Estabilidad sobre el aumento de la litigiosidad, sobre todo la que puede derivar de una sentencia que emitirá el Tribunal de Justicia de la UE sobre la validez de las hipotecas ligadas al índice IRPH.

Por otro lado, la subgobernadora, Margarita Delgado, apeló a ajustar el dividendo a los resultados y a las necesidades de capital, además de señalar que las fusiones transfronterizas -por las que aboga el BCE- chocan con barreras como el exceso de capacidad instalada (oficinas y personal).

La banca se ha “revuelto” contra los requerimientos y esta misma semana el presidente de la patronal bancaria, la AEB, José María Roldán, consideró que el BCE está mandando mensajes “muy restrictivos” de aumento de capital y de exigencias supervisoras que podrían estrangular el crédito.

El escenario de tipos que dibuja el BCE busca, en última instancia, impulsar la economía, y el decaimiento de la actividad ha aconsejado aplazar la subida de tipos inicialmente prevista para el segundo semestre al menos hasta 2020, pero someterá a mayor presión los ya de por sí estrechos márgenes de las entidades.

Por ello, la subgobernadora del Banco de España cree que las entidades deben buscar una mejora de sus beneficios recurrentes, derivados de la actividad típicamente bancaria, dado que el aumento de los resultados de 2018 estuvo determinado sobre todo por la reducción de pérdidas por deterioro de activos.

El Informe de Estabilidad abunda en esta tesis cuando señala que los bancos españoles siguen afrontando el reto de mejorar su solvencia, que se redujo en 2018 y se sitúa a la cola de Europa en cuanto a capital de máxima calidad (CET1), y ganar rentabilidad.

Para ser más eficientes algunas entidades están inmersas en reestructuraciones. Así, CaixaBank ha cerrado esta semana un acuerdo con los sindicatos, excepto el mayoritario CCOO, para reducir su plantilla en 2.023 trabajadores y el Santander acaba de arrancar las negociaciones de un ERE que podría afectar a más de 3.000 personas.

El aumento de la litigiosidad y, especialmente, una hipotética sentencia del TJUE contraria a la banca a cuenta del IRPH podría lastrar los beneficios, pues Goldman Sachs ha cifrado entre 7.000 y 44.000 millones el coste si todos los afectados -en torno a medio millón- reclamaran su dinero.

Y a ello se suman las dudas sobre países emergentes como Turquía y Argentina. En el primero, el BBVA controla el 49,8 % del Garanti, el mayor banco del país en capitalización bursátil, y sus resultados están muy afectados por la fuerte depreciación de la lira turca desde comienzos de 2018.

En Argentina, tanto el BBVA como el Santander son dueños de dos de las entidades privadas del país, el antiguo banco Francés y Santander Río, cuyos resultados han estado afectados por el impacto de la hiperinflación en el país y la caída del peso.

A todo este panorama se suma un declinante crecimiento mundial además de tensiones en el ámbito europeo como el “brexit” y las dudas de los mercados sobre la sostenibilidad fiscal de Italia, con un posible contagio a los bancos del país.

En este entorno incierto, el sector tiene que luchar, además, con gigantes como Google, Apple, Facebook o Amazon, que tratan de entrar en este mercado. Las entidades han demandado repetidamente una legislación igual para todos porque compiten en desigualdad con unas compañías a las que no se les exigen requisitos tan estrictos.

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