Los expresidentes del gobierno español, José María Aznar y Felipe González, marcaban ayer claramente el camino que debe seguir Pedro Sánchez contra el independentismo catalán.
Un camino que debe llevar al fin del desafío secesionista catalán y al de otros experimentos que, animados por el catalán, pudieran producirse en el futuro, caso, por ejemplo, del vasco. Que si bien ya inicio el camino, ahora está a la espera.
Un camino que debe de dejar de ampararse solamente en el mundo judicial y que debe utilizar otros mecanismos más punitivos, sea la suspensión total de la autonomía catalana durante un largo periodo de tiempo, sea el 155 de la Constitución, o sea, simplemente, la reversión de competencias al gobierno central.
Un Estado no debe caminar siempre por detrás o al lado de aquellos que quieren destruirlo. A Rajoy no le sirvió y lo único que hizo fue alentar cada vez más los independentistas. Sánchez depende de ellos, sin sus votos cae. El problema es que no quiere caer, mostrando, por ello, una irresponsabilidad manifiesta.
Quedan tiempos duros para este país y tiempos duros para aquellos que viven en Cataluña, pero no queda otra. Hay que devolver el orden constitucional de una vez.


