La reforma de la Administración Local de Navarra, que se va a llevar al Parlamento para su aprobación, solo parece que contenta a los nacionalistas vascos de Navarra.
Una pretendida reforma que elimina la hasta ahora división del territorio navarro en municipios y concejos, para transformarla en un ente de comarcas, a cuál más artificial, no parece que sea la mejor manera de solucionar los problemas, que, sobre todo, el medio rural tiene delimitados.
Las personas que viven en el campo navarro, en las decenas de pequeños núcleos de población que jalonan su geografía, necesitan una atención de cercanía, una administración pública que sea cercana a ellos. No necesitan grandes mastodontes administrativos, que, con la excusa de un mayor aprovechamiento de los recursos, se hallen a decenas de kilómetros de los problemas.
Nada se soluciona racionalizando servicios, pero perdiendo el trato personal con aquellos que llevan años viviendo un modo de vida diferente al urbano.
El medio rural vive hoy una crisis de identidad, está despoblado y envejecido, necesita atención, pero no a costa de algo mecánico, pragmático, que sólo pretende ahorrar dinero y que ignora el modo de vida y la historia de un medio con muchos siglos de historia.
No todo vale. Si el progreso significa la perdida de los valores tradicionales, no sirve.


