
La presunta corrupción, destapada en el caso Soulé, del suspendido presidente de la Federación Española de Fútbol (FEF), Ángel María Villar, motivó su detención. Tras ello, dimitió de sus cargos directivos en la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol, pero no así de su puesto en la Federación Española.
Ante tal situación y por la alarma social generada, se intentaba, por parte del gobierno de España, la celebración de elecciones para elegir otro presidente.
Tras varios meses y, tras la salida del señor Villar de la cárcel, la FIFA emitía ayer un comunicado alarmante, amenazando al Gobierno de que, por culpa de su presunta injerencia en la celebración de nuevas elecciones para sustituir al señor Villar, podía la Selección Española de fútbol no acudir al mundial de Rusia, como castigo a dicha injerencia.
La FIFA aduce, para haber tomado dicha decisión, que los estatutos federativos castigan a quien se entromete en las elecciones y, que está investigando si eso ha hecho España.
No deberían tener mucho crédito las decisiones de una Federación Internacional salpicada por la corrupción. No debería sorprender a nadie que se pretenda defender a un «investigado» que lleva décadas presidiendo el llamado “deporte rey”. Lo que sí sorprende es que el señor Villar siga teniendo poder en una Federación Internacional y que ésta se atreva a amenazar a todo un Gobierno.
El mundo al revés, los inocentes demostrando su inocencia, mientras que los culpables campan a sus anchas. ¡Vaya tropa!

