
El juicio contra la llamada “manada”, presunta culpable de una violación grupal acaecida en los Sanfermines del año 2016, se está desarrollando de una forma sorpresiva, tanto por parte de la víctima de la supuesta violación como por parte del Juez que está llevando este caso.
Sorprende el cambio de la víctima en algunos aspectos de su declaración al indicar, por ejemplo, que no había sido metida de una manera forzada en el portal de la vivienda donde se cometió la violación grupal. Pero lo que resulta sorpresivo e incluso indignante es que el Juez haya admitido la investigación llevada a cabo por detectives privados sobre la vida privada de la víctima después de lo acaecido y, sin embargo, no haya admitido conversaciones de los supuestos violadores días antes del suceso, en las que hablaban e incluso se mofaban de lo que podía ocurrir en días posteriores.
A veces la justicia sorprende en sus actuaciones. La justicia en España no parece fiarse de los denunciantes y si de los denunciados. Los denunciantes tienen que aportar pruebas lo suficientemente tangibles como que sean creíbles sus denuncias. Mientras tanto, los denunciados pueden esperar tranquilamente y demostrar poco.
La violencia es una lacra en la sociedad en la que se vive. Por lo visto, desde las edades más tempranas, los niños aprenden formas de actuación que en muchos casos acaban transformándose en problemas. La educación debería estar preparada para ello. No solo en los colegios, sino también en las familias.

