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MSF llama la atención sobre la crisis humanitaria en Nigeria

Médicos sin Fronteras (MSF) recuerda que cientos de miles de personas en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, se encuentran en una situación de emergencia humanitaria, al borde de la hambruna y en coincidencia con el periodo de máxima prevalencia de la malaria.

En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, el jefe de la Unidad de Emergencia de MSF, Gabriel Sánchez Ibarra, pide a la comunidad internacional un aumento de la ayuda humanitaria para atender a las necesidades de la población nigeriana.

“La situación ha mejorado en muchos de los lugares en los que estamos trabajando en términos de acceso a la salud y a los servicios básicos, aunque hay zonas del estado de Borno en extrema necesidad de asistencia humanitaria, donde a día de hoy no hay ningún actor desplegado por problemas de acceso”, explica Sánchez Ibarra en declaraciones a Efe.

La Unidad de Emergencias de MSF comenzó a trabajar en la zona nororiental del país africano a principios de 2016, cuando el estado de Borno recibió más de 1,5 millones de desplazados internos, debido a las operaciones militares del Ejército nigeriano para expulsar al grupo yihadista Boko Haram.

Sánchez Ibarra señala que estos desplazados, que llegaron entre finales de 2015 y mediados de 2016 y que durante los primeros meses de estancia no recibieron ningún tipo de asistencia, presentaban unas cifras de malnutrición y mortalidad por encima de los indicadores de emergencia.

Médicos sin Fronteras, que ya operaba en la zona con anterioridad, cerró los proyectos a más largo plazo y puso en marcha una intervención “masiva” en diez emplazamientos del estado de Borno, con cuatro tipos de actuaciones.

Uno de sus objetivos es la asistencia hospitalaria en pediatría, maternidad, emergencias médicas y cirugía a la población desplazada y directamente afectada por el conflicto.

Otro de sus fines es la prevención, mediante la vacunación, y la atención primaria de niños y mujeres en edad de procrear, la población más vulnerable en este caso, a través de clínicas móviles.

También ofrece tratamientos específicos a nivel ambulatorio para los niños en estado de malnutrición menos severo y de hospitalización para los menores en estado de malnutrición más severo.

Otro de sus ejes de acción es la mejora de las condiciones de vida de la población desplazada, que vive en campos, en materia de aprovisionamiento de agua, saneamiento y promoción de la salud.

Durante los cinco primeros meses de este año, los equipos de MSF han admitido a casi 21.000 niños en los programas de tratamiento de la malnutrición, han hospitalizado a más de 3.000 pacientes, han llevado a cabo más de 56.000 consultas prenatales, han posibilitado la construcción de casi 300 letrinas y han distribuido 38 tanques de agua y 1.000 toneladas de alimentos.

Entre las principales dificultades de la asistencia humanitaria en esta región del planeta, Sánchez Ibarra destaca los problemas de acceso, la seguridad, la logística y la magnitud de la catástrofe.

A su juicio, el bombardeo aéreo en un campamento de desplazados internos en la localidad de Rann, en el norte del país, en enero de este año, supuso “una demostración de la fragilidad de la asistencia humanitaria en situaciones de conflicto”.

Este incidente, que se produjo después de un incremento de bombardeos sobre instalaciones humanitarias en países como Afganistán, Yemen o Siria, fue “muy doloroso” por los desplazados y los trabajadores humanitarios que perdieron la vida en el suceso, subraya Sánchez Ibarra.

Médicos sin Fronteras pide que se investigue lo ocurrido, que se depuren responsabilidades y que se adopten medidas necesarias para evitar que “un error como éste vuelva a producirse”.

El Gobierno nigeriano ha enviado a los jefes del Ejército a la zona nororiental del país para luchar contra Boko Haram, que ha aumentado sus ataques en la región tras las operaciones militares que les expulsaron de las zonas que ocupaban el año pasado.

Boko Haram, que significa en lenguas locales “La educación no islámica es pecado”, lucha por imponer un Estado islámico en Nigeria, país de mayoría musulmana en el norte y predominantemente cristiana en el sur.

El grupo adquirió notoriedad internacional, incluso antes de proclamarse franquicia del Estado Islámico (EI) en África, al declarar su propio califato islámico en el norte de Nigeria.

Desde que la policía acabó en 2009 con el entonces líder de Boko Haram, Mohamed Yusuf, los radicales mantienen una sangrienta campaña en la que han asesinado a más de 20.000 personas y cerca de 1,9 millones se han visto obligados a abandonar sus hogares. EFE

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