
De los nuevos ricos, los que lo han sido siempre, no hablan grandes virtudes. El problema viene porque aquellos que se encuentran con lo que no han tenido nunca, no saben gestionarlo y suelen dedicarse solamente para alardear de lo que ahora tienen.
Así le debe pasar al gobierno nacionalista de Navarra que ahora que tiene el poder político, no sabe gestionarlo y se empeña y empeña en gestionarlo mal. Un ejemplo más de este diserto es la postura que está tomando el Departamento de sanidad navarro, que se encuentra con el dato de que lo que antes criticaba por activa, por pasiva y por perifrástica, es decir, criticar la privatización del servicio navarro de salud, ahora va y lo está privatizando aún más, siendo los datos que corroboran este hecho más grandes que en épocas pasadas.
La labor de un político debería ser el predicar con el ejemplo. No se puede hacer lo que durante años se ha criticado. Si a ello se une que los partidos que sustentan al gobierno navarro, se hacen los valedores de lo público, es enormemente censurable dicha situación. Se critica cuando se está fuera del sistema, y se calla cuando está dentro.
Teniendo como se tiene un sistema sanitario de los mejores del mundo, da igual que sea privado o público, el gobierno navarro debería dejar de lado su sectarismo y permitir que lo público y lo privado en Navarra funcionaran como lo han hecho siempre, racionalmente. El problema que surge es ideológico; no se quiere al sistema sanitario privado navarro porque en su mayor medida esta patrocinado y realizado por entidades de orientación religiosas, por organizaciones que casi son tabú para este gobierno. Y el problema es ese y no otro.
Pero bueno, no importa, el gobierno promete luchar por todos los navarros. ¿ O solo por algunos?

