
Los lobbies de la Unión europea habrán respirado aliviados. Enmanuel Macrón ha ganado las presidenciales francesas. El todos contra una ha triunfado.
Sin embargo, los resultados muestran que un tercio del electorado francés, unos 11 millones de votos, como nunca hasta ahora, se ha inclinado por votar al Frente Nacional y que “de facto” le convierten en el principal partido de la oposición. Las legislativas del próximo mes de junio pudieran darle, extrapolando los resultados, muchos más diputados de los que ahora tiene -ahora solo cuenta con dos-.
Panorama complicado para Macrón, que a pesar de su triunfo, pudiera, en menos de dos meses, tener que cohabitar con un presidente del Gobierno diferente a él; y es que Macrón tiene que dar estructura, vigor a un partido que tiene un año de antigüedad y del que se dice que sólo cuenta con 11 candidatos de los más de 500 que necesita para presentarse con garantías a las legislativas. Es de imaginar que tanto la derecha como la izquierda presentarán también a sus candidatos y entonces Macrón no lo tendrá tan fácil y habrá que negociar.
De todas las maneras, si algo ha rebelado este proceso electoral es que las cosas están cambiando en Francia. Los partidos mayoritarios, que lo eran hasta ahora, han fracasado. La debacle del partido socialista ha sido mayúscula y la abstención ha batido todo los récords históricos de unas elecciones francesas. Incierto futuro el que se abre en uno de los países básicos de la hoy depauperada Unión Europea y que, si bien, hoy le felicitan por lo ocurrido, quizás, dentro de poco tiempo, tenga una situación ingobernable y tengan que recurrir al hoy defenestrado Frente Nacional.

