El cineasta camboyano, Rithy Panh, autor de títulos como «La imagen perdida» (2013), nominada a un Óscar, hoy en madrid donde ha hablado en una entrevista con Efe sobre su experiencia como superviviente del régimen de Pol Pot (1975-1979), motivo por el que la XIV edición del festival internacional de cine documental DocumentaMadrid le dedica estos días una retrospectiva
Comprender la naturaleza del mal y la responsabilidad colectiva que implica ha sido uno de los grandes propósitos de la filmografía de Rithy Panh, según ha explicado a Efe el cineasta camboyano, superviviente de los jemeres rojos y autor de títulos como «La imagen perdida» (2013), nominada a un Óscar.
Como víctima y superviviente del régimen de Pol Pot (1975-1979), que dejó un reguero de dos millones de muertos, Panh vio morir de hambre a toda su familia con solo 13 años. La XIV edición del festival internacional de cine documental DocumentaMadrid le dedica estos días una retrospectiva.
PREGUNTA.- Su cine es un ejercicio de memoria personal e histórica y a la vez un exorcismo de la tragedia que vivió. ¿Cómo descubrió que quería dedicarse a ello?
RESPUESTA.- Yo no estaba destinado a hacer cine. En mi familia ni siquiera se consideraba un oficio. Todo fue a causa del genocidio. Para mí era muy difícil encontrar palabras para expresar lo vivido, pero quería comprender y hacer comprender la naturaleza de esos crímenes y la responsabilidad colectiva al respecto. Hice pintura, música y trabajé con madera; el cine llegó por casualidad, un profesor me entregó una cámara para un ejercicio.
P.- A diferencia de su vecino Vietnam, no se han hecho demasiadas películas que traten la historia reciente de Camboya, ¿a qué cree que se debe?
R.- Por el mismo motivo por el que no hay películas sobre el periodo de Franco en España y los muertos siguen sin nombre en fosas comunes. Es un ejercicio difícil, pero humanamente necesario. No se trata de torturarse o crear fracturas en la sociedad. El trabajo de memoria es necesario, porque permite a las familias de las víctimas hacer el duelo. No puede negarse lo que pasó.
P.- Tampoco Hollywood ha tratado mucho el tema, salvo el caso reciente de Angelina Jolie con «Primero mataron a mi padre: una hija de Camboya recuerda», que usted ha producido.
R.- El 80 % de las películas americanas sobre Vietnam, salvo excepciones como Coppola o Kubrick, son de exaltación patriótica o sobre el heroísmo de los soldados. No han hecho películas de Camboya, pero tampoco hay muchas sobre Indochina o sobre la Guerra de Argelia.
P.- En los últimos años ha habido una revolución narrativa y creativa en el documental a la que usted ha contribuido: en «La imagen perdida» utilizaba muñecos de arcilla y en «El exilio» combinaba ficción y fantasía con imágenes de archivo. ¿Cómo descubre la forma adecuada para cada película?
R.- Cada vez me cuesta más hacer películas, porque encontrar la forma adecuada requiere tiempo, investigación y cada vez tenemos menos tiempo y medios para hacer nuestro trabajo. La televisión pública debería ser el espacio del documental. Un país sin una televisión pública que cuide su historia y su memoria no es una democracia.
P.- ¿Es un problema de difusión más que de producción?
R.- Nos han contado que con la revolución tecnológica todo sería más fácil, y es cierto porque ahora cualquiera puede rodar con un móvil, pero también es falso, porque todo va tan rápido que se borra la memoria y entra en juego la manipulación, la mentira o la posverdad. Al poder siempre le interesa controlar la imagen y en especial a los totalitarismos, desde el Estado Islámico a Pol Pot.
P.- ¿En su opinión, qué ha propiciado la victoria de Trump en Estados Unidos y el auge de Le Pen en Francia?
R.- Es internet, Twitter, Facebook, la complacencia, el querer ir más rápido que el vecino en lugar de aspirar a comprender, verificar. Se fabrican noticias falsas y no pasa nada. Lo importante es la reacción. La democracia está tocada.
P.- ¿En qué está trabajando ahora mismo?
R.- Tengo un proyecto sobre las tumbas anónimas, aunque aún no sé muy bien cómo voy a hacerlo.

