Que el Gobierno de Navarra, estuviera cerca de los terroristas de ETA, en el último, que no será el único, teatro y mascarada de desarme de la banda terrorista, es un hecho que nadie pone en duda. Solamente con el encuentro que mantuvo la presidenta del parlamento navarro, Ainhoa Aznárez, con el terrorista de ETA, denominado el “carnicero de Mondragón” o con la presencia de la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, en la reunión con los “verificadores “de la entrega de armas, sería suficiente para confirmar este extremo.
El gobierno nacionalista de Navarra camina entre dos aguas, unas veces con las víctimas de la barbarie terrorista y otras veces, las más, con los amigos de los terroristas. Su socio de gobierno Bildu muestra constantemente el apoyo a los presos de ETA, ya sea con homenajes, ya sea con incoativas políticas, el caso es manifestar su apoyo. La presidenta navarra tiene que aguantar y tolerar las iniciativas de su socio, no vaya a ser que perdiera su apoyo y con ello su gobierno.
Poner como excusa a la ciudadanía para justificar presencias en actos como el de la “falsa” entrega de armas, flaco favor hace a quienes como miembros de, precisamente, dicha ciudadanía, ven y comprueban la cobertura política que se da a los terroristas. Los gobiernos no pueden mantener su cercanía al terrorismo y “salir de rositas”; los gobiernos deben confiar en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para solucionar el problema del terrorismo.
Todas las iniciativas tendentes a dar carta de legitimidad a los terroristas, lo único que hacen es humillar a las víctimas y reforzar a quienes usan la violencia para imponer sus fines.
Se podrán sacar excusas, justificaciones, pero el mal ya está hecho. Los políticos deberían tener más sensibilidad para con su ciudadanos.
Mucha es la muerte, la violencia, que cargamos en nuestra espaldas y las víctimas de ETA, todavía hoy, la padecen.


