
Nadie pone en duda que todas las personas de este mundo, independientemente de su condición, merecen el más sentido de los respetos.
La tradición secular y la propia naturaleza han establecido la división sexual de los seres vivos, el sexo femenino y el sexo masculino, el macho y la hembra. Cualquier otra distinción en función del sexo, mal llamado género, se convierte en algo diferente, en una anomalía natural, que la propia naturaleza se encarga de poner en su sitio.
Ajenas a esta selección natural, las ideologías actuales pretenden imponer un ideario diferente, aquel que no reconoce que los niños son niños y que las niñas son niñas, sin engaños. Pretenden dar carta de naturaleza, “hacer visible” a lo que es ajeno, que no quiere decir malo, a la propia selección natural.
La singularización del hecho “transexual”, su distinción, por la que se pretende por ello, darle carta de naturalidad, produce el efecto contrario, produce su diferencia y su separación. No se entiende, por ello, que haya partidos políticos, se supone garantes de la tradición secular, que se sumen a iniciativas que intentan dar carta de naturaleza a lo que no lo es.
El Parlamento de Navarra o el Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por Bildu, Geroa Bai, Podemos e I-E, celebran la visibilización transexual contado para ello con el apoyo de todos los partidos,. Llama la atención que se sumen Unión del Pueblo Navarro y el Partido Popular, por aquello de ser los llamados partidos defensores de la tradición secular, pero no sorprende cuando días antes, a colación del autobús HazteOir, el PP con Cifuentes o Levy a la cabeza y sin «desdecirlas» Rajoy o el PP se manifestaron de acuerdo con la defensa de la ideología de género y en contra de la libertad de expresión, que destacaba lo natural de los sexos, mal llamados géneros.
Y es que, oiga, “los tiempos avanzan que es una barbaridad”.

