Los políticos, por lo visto, creen que los ciudadanos solo tienen una función, cual es la de ejercitar su derecho al voto cada vez que hay procesos electorales. Y nada más. Luego ellos, una vez elegidos, ya se encargan de “hacer y deshacer a su antojo”, y hasta la próxima.
Cierto tipo de comportamientos ayudan a justificar este hecho. Es el caso de lo que acontece estos días en el gobierno de nuestra nación y en el partido que lo apoya.
Que ahora se defienda “el acuerdo, día día, con humildad, sin pausa y con la implicación de todos”, cuando hasta hace bien poco tiempo se tenía mayoría absoluta, y entonces se gobernaba sin acuerdo, sin humildad, y apenas implicación de nadie, es buen ejemplo de ello. ¿Por qué si no, se ha esperado a aprobar techos de gasto, subidas del salario mínimo interprofesional y realizar pactos educativos, cuando se pende de un hilo a la hora de gobernar? Pues precisamente porque el ciudadano no importa, salvo, repito, cuando va a votar, y por ello, los políticos, en este caso gobernantes, hacen y deshacen a su antojo.
Como ahora no disfrutan de una mayoría amplia, y quieren seguir manteniéndose en el poder, negocian y negocian para conseguirlo y si para ello tienen que desvirtuar sus principios, pues lo hacen, sino no se entiende que lo que antes no se hacía, haya que hacerlo ahora, y porque dichas propuestas eran antes, teniendo mayoría, malas, y ahora no teniéndola, son buenas.
En suma, un gran ejercicio de “hacer y deshacer cosas” al libre antojo de unos políticos que saben cómo mantenerse en un poder cada vez más apetecido. Mientras tanto los ciudadanos, cual convidados de piedra” asisten al juego de la política, al juego de “hacer y deshacer” sin remordimiento alguno.
