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EDITORIAL: La envidia es mala consejera

Por las declaraciones del Presidente del Gobierno, parece como si su partido, el PP, se hubiera quedado “compuesto y sin novia” tras el pacto firmado entre el PSE y el PNV para la gobernabilidad de la Comunidad Autónoma Vasca.

Pacto que, por cierto, sería contrario a derecho si temas como el derecho a decidir, el concepto de nación o la vuelta a casa de los miembros de ETA, fueran considerados por el gobierno lo suficientemente transgresores con la legalidad vigente. Y es que ya se sabe, que el nacionalismo no descansa, que persigue sus fines, que no son otros que conseguir su anhelada independencia, y si para ello se sirve de los llamados “tontos útiles”, pues mejor que mejor.

Por eso sorprende que el señor Presidente del Gobierno diga que no entra en un pacto de tamañas condiciones “más que nada, porque no ha sido invitado” y no ha estado en la negociación -añadía-. ¿Invitado a qué? ¿A destruir la unidad de la nación española, a aceptar el triunfo de los violentos?

No parece que estas preguntas tengan respuesta a la luz de la razón y el orden establecido. Salvo que, con ellas, quisiera obtenerse un beneficio personal indirecto, como la aprobación de unos presupuestos generales, que a día de hoy, no parece vayan a ser aceptados, ni por el PNV, ni por el PSOE y, que, curiosamente, son quienes han firmado un pacto de gobierno entre ellos y han dejado, con ello, aparte al PP, que ve cómo aumentan las dificultades para su anhelado pacto presupuestario

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